El Frasco de la Discordia
—Doctor, tengo un problema, hoy diez años de casado; queremos tener un niño, ella no queda en estado.
No sabemos si es por mí, o el fallo es de mi mujer; vengo a que usted me informe qué es lo que tengo que hacer.
—Empezaremos por ti, tratemos de averiguarlo; llena este frasco de semen, tenemos que analizarlo.
El hombre llega a su casa y le dice a su María: —Tengo que llenar el frasco, me llevará varios días.
Se concentró en el trabajo, no obtiene resultado; llena las manos con callos y nada ha solucionado.
Está muy desesperado, ya no sabe qué hacer; con el orgullo por los suelos, pide ayuda a su mujer.
Solícita se presenta esbozando una sonrisa: —Verás cómo entre los dos lo conseguimos deprisa.
Prueban distintas posturas, dan palmadas en el culo; pero la cosa sigue igual: mucho esfuerzo y todo nulo.
Piden ayuda a la suegra, que tiene más experiencia; tras cuatro horas de intentos, todos pierden la paciencia.
Así pasan muchos días, con el grupo ya aburrido; se presenta ante el médico con el frasquito vacío.
—Si no me traes la muestra, no la puedo analizar; llévatelo otra vez, me lo tienes que llenar.
—¡Lo intenté con mi mujer! ¡Le pedí ayuda a mi suegra! ¡Pero el frasco no se abre... es una puñetera mierda!
El médico lo miraba esbozando una sonrisa: —¡Que le ayude la enferma¡terminara más deprisa!

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