La cruda verdad del indiano
Pudo con él la morriña, a su pueblo regresó; quería ser enterrado donde un día nació.
Comentaban en la plaza que emigró de los primeros, que hizo fortuna en América y traía mucho dinero.
Rápido lo hacen alcalde, su entorno es una locura: todos quieren ser amigos, sobre todo el señor cura.
Al no tener herederos, el interés se comprende; pero llega la enfermedad y entonces nadie le atiende.
Solo una viuda pobre lo cuida sin falsedad; con cuatro hijos pequeños, lo hace por necesidad.
Cuatro años de atenciones, cuatro años de locura; él le da cuanto posee... ¡Y que no se entere el cura!
Al dar la extremaunción, el cura exige primero: «Para limpiar tus pecados, tienes que donar dinero».
—Me lo gasté todo en putas, tenía el pito muy duro; no queda ni para el entierro, no me queda un puto duro.
—Ahora vienes por la plata, poco te has preocupado; reparte mejor tus hostias y apunta para otro lado.
Al celebrar el entierro, el cura dijo ese día: «Hay alguien que, sin jugar, ganó hoy la lotería».
Se marchó seco el bolsillo de aquel cura tan avaro, que por buscar el tesoro le salió el entierro caro.
Anécdota muy antigua, pasó en la realidad; no es una invención mía, es la más cruda verdad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario