Con sesenta años cumplidos, se acaba de enamorar, y requiere unos retoques para no desentonar.
La muchacha es muy bonita, está buena que revienta; lo cual no es nada extraño: no ha cumplido los treinta.
Se entrega a la cirugía, alguna arruga se quita, y ahora busca adelgazar para bajarse la tripa.
Se apunta pronto al gimnasio, quiere hacer hasta yoga, y renueva el vestuario para ir siempre a la moda.
Con un injerto de pelo y hacerse la manicura, parece un adolescente... ¡una auténtica locura!
Cuando pasea con ella se siente un privilegiado, y al verle sus conocidos lo miran con un cuidado.
—Cariño, voy al gimnasio, ¿tú me podrías ayudar? Dime qué tipo de máquina debería yo utilizar.
—No me importa el aparato, sea negro o sea blanco; para tenerme a tu lado... ¡usa el cajero del banco!

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