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lunes, 26 de enero de 2026

El fin de la "manopla

 


El fin de la "manopla"

Desaparecen los cines, es el final de una era; se lleva en su descalabro a la vieja pajillera.

Abrían las salas pronto, diez de la mañana daban, y las amas de pensión de la cama nos echaban.

Muchos chicos de patrona, sin un sitio adonde ir, buscábamos la butaca donde poder hasta dormir.

Allí estaban esas mujeres, solícitas y puntuales, que por unas mil pesetas te remediaban los males.

Al ver a un tipo solitario lo calaban de memoria: joven, solo y con urgencia, sin familia y sin novia.

Se sentaban a tu lado y empezaban a tocar; si te gustaba el meneo lo tenías que pagar.

Ella ponía su precio, tú tirabas a la baja, y si no había trato alguno te quedabas sin la paja.

Era difícil el acuerdo, todas daban la matraca; o te marchabas del cine o cambiabas de butaca.

Dedicadas a ese oficio, eran mujeres cansadas, viejas glorias del pecado y nunca bien jubiladas.

Denunciar era imposible, sería una cosa absurda; nadie te habría hecho caso, solo serviría de burla.

Llegan nuevas diversiones, aquel mundo se extinguió; los jóvenes hoy no saben que aquello un día existió.

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