La madre que nos parió
Demasiadas elecciones, ya estamos saturados; esto parece una verbena y andamos todos cabreados.
Era la gran panacea para una vida mejor, pero esto no se arregla y cada día está peor.
Se respetaba el resultado, había humilde aceptación; esperabas resignado a la próxima elección.
Bueno es participar, lo tenemos en la mente, pero al que no le gusta, se declara independiente.
Uno le dice al otro: «No tengo necesidad, me las arreglaré solo pues quiero la libertad».
«No puedes mandar en mí, agotaste mi paciencia, has abusado de mi fe, reclamo la independencia».
Y las familias se rompen al no llegar a un acuerdo, sin saber quién es el loco, ni saber quién es el cuerdo.
«Para nada te necesito, solo me puedo arreglar; llamarán a mi puerta y todos querrán entrar».
Y con tantos a mandar, mandas tú y mando yo... ¡No nos va a reconocer ni la madre que nos parió!

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