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jueves, 22 de enero de 2026

El Infierno de España


 

El Infierno de España

Al cielo no pudo entrar, le mandaron al infierno; hay muchas variedades, allí hay un lío tremendo.

Creía que solo había uno, preguntó en información: —Esto está muy dividido, depende de la religión.

Visitó varios de ellos, así se fue enterando de cómo funciona cada uno y cuántos hay esperando.

En todos hay pocas almas, estarán en baja campaña, pero queda sorprendido al descubrir el de España.

Allí pasa algo raro, hay millones para entrar; hay que echar solicitud y se pone a preguntar.

Funciona con energías, esto está hecho un Cristo; antes de llegar aquí, desvían el suministro.

Su destino no se sabe, dicen que están ahorrando; nadie quiere saber nada y muchos se están forrando.

Si viene una inspección, aunque lo vean parado, ellos dan el visto bueno: ¡todos están sobornados!

A Satanás solo le importa tener buen sueldo y querida; búscate un trapicheo y nadie se mete en tu vida.

Así que no te preocupes, que aquí se vive de maña; ¡que ni el diablo se aclara con el infierno de España!

El Whisky de la Venganza


 

El Whisky de la Venganza

Con su mujer no va bien, no lo quiere ni pensar; para olvidar el asunto, pide un whisky en el bar.

La mujer lo tiene a raya, es dura de campeonato; le da tan poco dinero, que pide el whisky más barato.

Al pedirlo se confunde el camarero despistado: en vez de servir el pobre, le pone el whisky más caro.

—Quizás no me has escuchado o me quieres vacilar; el whisky que me has puesto yo no lo puedo pagar.

—No se preocupe, señor, si no lo puede pagar; tómelo tranquilamente, que yo le voy a invitar.

—Seguro que eres el dueño y algo estás celebrando: tu aniversario de bodas o quizás tu cumpleaños.

—Solo soy el camarero, si es lo que quieres saber; el dueño es un sinvergüenza que se acuesta con mi mujer.

Beba usted cuanto quiera, que así la cuenta se muerde; pues en esta perra vida, ¡cada uno jode como puede!

Y así brindaron los dos, con el whisky de malta, por lo que a uno le sobra y al otro tanto le falta.


 

Anatomía y Respeto


 

Anatomía y Respeto

Yo no sé si son verdades o son solo payasadas, eso de obligar al hombre a ir con piernas cerradas.

Si la mujer las estrecha le quedan de maravilla, pero si lo hace el hombre, puede hacerse una tortilla.

Para poder apretarlas hay que hacerlo muy despacio, pues se lleva un "material" que necesita su espacio.

No deben ir apretados los órganos sexuales; se pierden muchas promesas si dañan los genitales.

Si van muy espatarrados pierden toda la razón, pero así no actúa un hombre de antigua generación.

Cuando viajaba en el metro sabía bien qué hacer: para dejar más espacio, me acercaba a una mujer.

Si el sitio era reducido y ella se me apretaba, jamás le llamé la atención, pues nunca me molestaba.

Dos tetas nunca molestan, siempre se están deseando; lo que molesta es un "chorizo" si te lo están arrimando.

Por eso, tengan cuidado, no nos juzguen tan deprisa, que apretar lo delicado... ¡No nos causa ninguna risa!

Cuentas claras, Suegra Muda

 

Cuentas claras, suegra muda

Vive en casa de la suegra, no la puede soportar; llega muy tarde a la casa, se pasa el tiempo en el bar.

Su vida sería estupenda, su mujer es deliciosa; si no fuera por la suegra, todo sería color de rosa.

No puede comprar un piso, ni pagar un alquiler; con la crisis que padecemos, ¿qué otra cosa puede hacer?

Él no es un gran bebedor, es una persona buena; solo se pone "alegre" para mitigar su pena.

Andar en la cuerda floja es difícil cada día; una noche se pasó y provocó su caída.

Llegó tarde y muy bebido, no encendió la luz de casa; confundió la habitación... ¿Imaginan lo que pasa?

—Perdóname, amor mío, lo compensaré con creces; por llegar tarde esta noche, te haré el amor tres veces.

Cumplió bien con su palabra, ella no dijo ni pío; exhausto el pobre hombre, pronto se quedó dormido.

Por la mañana temprano, con su mujer aún dormida, se marcha para el trabajo; tiene que seguir la vida.

—Tienes un marido, hija, que tú no te lo mereces; anoche entró en mi cuarto... ¡Y
me amó hasta tres veces!

—¡Pero madre, por favor! ¿Usted no le dijo algo? —Sabes bien, hija mía, que a ese golfo... ¡Ni le hablo!

Al oír tal confesión, el yerno se puso frío: ¡con razón la vieja bruja no había dicho ni pío!

Caín y la Evolución


 

Caín y la Evolución

Si a una chica la llaman "mona", se siente muy halagada; pero si le dices "¡qué perra!", te suelta una bofetada.

Le dices "adiós, gorila", verás que cambia la cosa; es seguro que te diga: "¡y tu madre es una osa!".

Vamos a investigar entre religión y ciencia; sabremos rápidamente por qué hay tal diferencia.

Adán y Eva con tres hijos... alguno no anduvo con bromas; para seguir repoblando, alguien se tiró a las monas.

Si Caín mató a Abel y Dios a este desterró, no le demos más vueltas: fue él quien se las tiró.

De Set se sabe poco, ni si dejó descendencia; ese, como era bueno, respetaba la decencia.

Pero Caín encontró de monas una manada; se peleó con el macho, lo mató con la quijada.

Por eso la ciencia afirma: "compartimos cromosomas"; la mujer salió ganando, por eso salen más monas.

En muy pocas imágenes Caín es representado; sin él no estaríamos aquí, y debe ser venerado.

Pensando detenidamente, es más fácil de creer el descender de esa rama: el hombre y la mujer.

Lo que dice la Biblia no lo pienso investigar; es bastante aburrida, difícil de analizar.

Entre el barro y la costilla, o el mono por evolución, me quedo con mi invento: ¡Caín fue la solución!

 

El progreso en el pueblo


  El progreso en el pueblo

En una niñez sin luz, ni tampoco agua corriente, un recuerdo me impresiona y se viene a la mente.

Una niña presumía —en el pueblo fue el primero— que en casa de su abuela pusieron un "cagadero".

Escuchamos sorprendidos, otros lo toman a guasa: ¿Cómo se podía hacer caca sin tener que salir de casa?

—Nos estás tomando el pelo, no lo podemos creer, eres una mentirosa, eso habría que verlo para creer.

—Cuando salgamos del cole, me podéis acompañar, estoy segura que mi abuela os lo querrá enseñar.

La seguimos hasta casa, quedamos como atontados: una tabla con agujero... ¡y se cagaba sentados!

La abuela presumía ante la chiquillería; era la rica del pueblo, solo ella lo tenía.

Nos dio una galleta y un chupito de anís, rezumaba mucho orgullo, ese día fue feliz.

Contamos a los padres lo que habíamos descubierto: —¡Eso es una guarrería! ¡Mejor cagar en el huerto!

Algo que hoy es tan simple y parece imprescindible, no era entonces necesario cuando el cagar era libre.

Apretones y Empujones.


 Desean hacerse novios, analizar sus gustos, es algo primordial, así se evitan disgustos.

Empieza la mujer, siempre la más decidida, y se pone a explicar lo que le gusta en la vida:

"Te cuento mis preferencias, que seguro no conoces: a mí me gustan mucho los apretones y roces.

Me gusta la compañía, que sea muy variada, prefiero que sean hombres, no me importa ser sobada.

Entrar en sitios estrechos, que me metan a empujones, y que me hagan sudar entre tantos apretones.

Que me lo hagan de pie, yo casi nunca me siento, me gusta estar muy pegada y así notar el aliento.

Cuando presiento un peligro, quiero agarrar algo duro, meterlo entre las piernas y se me pasa el apuro.

Me pasa como a los topos, el sol me sienta muy mal, que me agarren por el culo y me lleven al final

Él la mira sorprendido, y con la duda resuelta "apunta: "¡A ti te gusta viajar en metro, y encima en hora punta!"

La Apuesta de los Helados


 

La Apuesta de los Helados

Son amigos, muy amigos, se juntan de vez en cuando; para poder divertirse, se lo pasan apostando.

En la anterior ocasión, lo que se habían jugado era que quien perdiera pagaría un buen helado.

Entran en la heladería, ven tres mujeres sentadas; se apuestan otro helado: ¿están solteras o casadas?

Cada una un cucurucho, ellos están muy pendientes; cada una se lo come de maneras diferentes.

Una lo toma a mordiscos, es una extraña manera; como si tuviera ansia, deciden que esa es soltera.

Otra lo mete en la boca y lo está saboreando; «seguro que está casada, por eso lo está chupando».

La tercera lo va lamiendo con mucha delicadeza; «esa quiere que le dure, es soltera con certeza».

¿Cómo saber de su estado? Es cosa muy complicada; no pueden ir a preguntar, pues no las conocen de nada.

Llaman al dependiente, quizás conozca su estado; el dilema de la apuesta quedará solucionado.

—¿Conoces a esas mujeres, aquellas que están sentadas? Seguro que tú lo sabes: ¿son solteras o casadas?

—No hace falta preguntar, el misterio no es tan pillo; fijaos bien en sus manos: ¡solo una lleva el anillo!

Los amigos se miraron, con el orgullo sencillo, pagaron todos los dulces... ¡por culpa de aquel anillo!


¿Te gust

El Sueldo en el Paredón


 

El Sueldo en el Paredón

Trabajó doce horas, terminó muy cansado; era un duro trabajo esquilar el ganado.

Cien pesetas de papel, un sueldo para pensarlo; teme que se lo roben, no sabe dónde guardarlo.

Se le enciende una luz, un escondite muy chulo: hace un canuto con él y se lo mete en el culo.

De regreso a su casa, le dio un fuerte apretón, y se puso a cagar detrás de un paredón.

Llega a casa contento, alegre y relajado, y la mujer le pregunta: —¿Cuánto dinero has ganado?

El mundo se le viene encima, no sabe qué responder; se da cuenta del gran fallo y se marcha a todo correr.

Rápido lo encontró, enrollado y rebozado; como no hay agua cerca, no procede a su lavado.

Ese pequeño problema lo solucionó rápidamente: sacó su manguera y lo dejó reluciente.

Se lo entrega a la mujer, que lo huele sin cesar: —¡Es un billete fantástico! ¡Me huele a flor de azahar!

Por eso, amigo lector, si el sueldo quieres guardar, busca un sitio más limpio y no te vayas a cagar.

Que el dinero, aunque sea poco, se debe de asegurar, no sea que por un descuido... ¡Huela a flor de azahar! 

El Amor y la Tierra


 

El Amor y la Tierra

La historia es verdadera, no me la estoy inventando: creo que después de muertos aún se siguen amando.

Dos jóvenes se querían, sus familias ni mirarse; prohíben a sus hijos que puedan enamorarse.

El padre le dice al hijo: —¡Si vas con esa, estás muerto! Es una aprovechada que quiere llevarte al huerto.

A ella le dice el padre: —Ese es un hijo de puta. Si tú sigues con él, serás para mí una puta.

Esos padres tan antiguos siempre estaban en guerra; podían hasta matarse por un pedazo de tierra.

Los hijos eran esclavos de todas sus decisiones; no podían sentir amor ni expresar sus emociones.

Toman una decisión, pues no dejan de amarse: para estar siempre juntos, deciden suicidarse.

Con un veneno potente de sulfatar las patatas, toman un litro cada uno; mueren como garrapatas.

Comentan las malas lenguas que ella estaba embarazada, pero eso, en esos tiempos, allí no se comprobaba.

Esos errores de padres no consiguen remediarlos; ni con velas, misa y flores consiguen resucitarlos.

En el campo se rumorea, cuando la noche es cerrada, que se ven dos sombras juntas por la tierra bautizada.

El Secreto del Chef


 El Secreto del Chef

En esta pequeña aldea, había un chef conocido, no necesitaba gran cosa para hacer un buen cocido.

Allí mataban los cerdos, una cosa exagerada, pero él era una figura: nunca mataba nada.

Una lumbre en la cocina, un escaño para sentarse, un pote para guisar y calor para calentarse.

Era el sabio de la aldea, guisando siempre el mejor; sin poner nada de cerdo, su cocido tenía sabor.

No revelaba el secreto de sus métodos sencillos, aunque sabían en el pueblo que no usaba calzoncillos.

Con los garbanzos ya tiernos, los apartaba del fuego, quitaba la tapa al pote... ¡y se calentaba los huevos!

Sus atributos calientes desprendían el sudor, y ese era el gran secreto que daba al guiso el sabor.

Una receta sencilla, muy fácil de recordar; sale además muy barata, ¡si alguien la quiere probar!

Mas recordad el consejo si vais a ser cocineros: ¡que no se os queme la pringá al meterla en el caldero!

Pepino el Brujo


Lo encontré en una aldea, vive solo, sin un lujo, rodeado de naturaleza: allí descubrí a este brujo.

Tiene ya los cien años, buen cerebro y desparpajo; una de sus aficiones es comer tocino y ajo.

Solterón, empedernido, le llaman "Pepino el brujo"; todas sus enfermedades se las cura con orujo.

—Ese es mi gran remedio, jamás tomé una aspirina; me trinco un vaso de orujo, es la mejor medicina.

Es muy bueno para el frío, especial para el calor; seas viejo o seas joven, te hace funcionar mejor.

Con él puedo hacer el amor, como un joven y a saco; no me hace falta la Viagra, me sirve de afrodisíaco.

Le añado algunas hierbas que no voy a revelar; moriré con mi secreto, no lo vayas a copiar.

Me dejó muy sorprendido, pero le seguí escuchando; no sé si sería verdad o me estaba vacilando.

Me despedí de aquel viejo que en la sierra se quedó, brindando con su secreto por la vida que inventó.

Aventuras de Mozuelos.


Aventuras de Mozuelos

Se me vienen a la memoria aventuras de mozuelos: cuando nos juntamos varios para robar los ciruelos.

Al reunirnos solo tres planeamos un asalto: dos recogen desde el suelo, otro sube a lo más alto.

Desde arriba agita el árbol, la fruta madura cae; mientras, la tropa en el suelo, la mercancía se trae.

Pero el dueño nos descubre al mirar por la ventana; se armó con un grueso palo para zurrar la badana.

Se presentó hecho una furia, entre gritos y lamentos. Los que estaban en el suelo escaparon en un momento.

Al llegar bajo las ramas se quedó mirando al cielo; el de arriba se cayó... ¡Y
lo estampó contra el suelo!

Fue tal el susto del hombre, entre golpes y tirones, que supimos más tarde... ¡Que ensució sus pantalones!

Repartimos las ciruelas, que estaban siempre de primera; aunque luego, una semana, nos dieron gran cagalera.

Ya pasaron muchos años de aquel tiempo de pilluelos, pero aún guardo el sabor de las frutas del ciruelo.


Crónica de un cinturón rebelde

 

Crónica de un cinturón rebelde

Atención a esta noticia, que estuvo de actualidad: en Italia una mujer se puso cinturón de castidad.

Se desprendió de sus llaves, no quería tentaciones; al ver a un hombre apuesto, quería controlar sus emociones.

Esos vicios tan fuertes son difíciles de controlar; es como aquel que pretende de golpe dejar de fumar.

No pudo resistir más ese impulso incontrolable; con mil llaves en su casa, ¡pero ninguna lo abre!

Desquiciada la mujer, llamó pronto a los bomberos, para quitarse el aparato y que apagaran su fuego.

Le retiran el cerrojo, ella arde como cien hogueras; para apagar tal incendio, usan todas sus mangueras.

Al ver sus cuerpos perfectos manejando bien la goma
, se convierte en un volcán, esa mujer cuarentona. 

Este caso tan insólito puede sentar precedente: que se colapse el servicio con tanta llamada urgente.

El cuerpo de bomberos tendrá que ampliar plantilla, que esos fuegos se prenden sin usar una cerilla.

Si el fuego te consume y la llave se ha perdido, no llores por las esquinas ni busques a tu marido; que un cinturón de hierro es una gran inversión, ¡si incluye cuatro bomberos dándote la salvación!


La Justicia de la Manuela


 

La Justicia de la Manuela

Las abuelas de antes se hacían respetar. No admitían las bromas, te los podían cortar.

La abuela Manuela, viuda del tío Emilio, se encuentra ante el juez acusada de parricidio.

—Usted tiene ochenta años, una mujer indefensa. Cuente por qué le mató, qué alega en su defensa.

—Estaba yo tan tranquila, descansando en mi tumbona. Llegó el joven y me dijo: "¿Estás sola, guapetona?".

Me desarmó su sonrisa, él se acercó muy ufano. Me desabrochó la blusa, empezó a meterme mano.

Sin catarlo en treinta años, yo me puse al rojo vivo. Le dije: "Joven apuesto, haz lo que quieras conmigo".

Me dejó toda desnuda, toda llena de ilusiones. Pensé en hacer el amor en todas las posiciones.

Resultó ser un fiasco, él era un "joven decente". Quiso tomarme el pelo el Día de los Inocentes.

Tenía una escopeta cerca, surgieron las tentaciones. La cogí y le disparé dos tiros en los cojones.

Perdida colateral de una broma muy pesada. Creo que lo merecía, no me arrepiento de nada.

Que me encierren si así quieren, no me importa la prisión; con las ganas no se juega, ni con mi reputación.

El Milagro de la Nodriza

 

El Milagro de la Nodriza

Por soltar un juramento, el hombre fue castigado, en tiempos de Inquisición, en una celda encerrda.

Condenado ya a morir, no le daban de comer, para alargar su agonía, solo le daban de beber.

Tiene una hija querida, que sí le puede visitar, puede llevarle bebida, más nada de alimentar.

Se juega mucho dinero por saber cuándo ha de morir, calculan que veinte días es lo que podrá resistir.

Cumplida ya la fecha, lo muestran ante el pueblo, está más gordo y lozano, ¡es verlo y no creerlo!

"Es un milagro divino", proclama la vecindad, y al no encontrar otra causa, le otorgan la libertad.

Vivió hasta los cien años, a pesar de los pesares, le dedicaron ermitas, lo subieron a los altares.

Es un milagro sencillo, muy fácil de explicar: su hija era nodriza, y al padre dio de mamar.

Perdieron los apostantes su dinero y su razón, pues no contaban las mentes con tan tierna nutrición.



Prudencia. "La Castañera"


 

Prudencia. "La Castañera"

Sale ya la castañera a su esquina acostumbrada, preparando para el día la rica castaña asada.

Desea que el tiempo enfríe, con vientos casi invernales, pues calientan las manos sus frutos tradicionales.

La castaña debe ir con un corte en condiciones, que si no se raja bien, provoca mil explosiones.

Es una mujer madura que se da muy buena maña, para atraer a la gente y venderles la castaña.

Para la mujer templada, para el hombre bien caliente; en materia de este fruto, él es mucho más exigente.

La mujer pega un grito si encuentra dentro un gusano, pero al hombre no le importa y lo saca con la mano.

En una cosa coinciden los clientes más pudientes: que se pele con soltura y que siempre esté caliente.

Es un oficio que muere, lo cual a nadie le extraña. ¡Qué pobre la castañera si no vende su castaña!

[Nueva Estrofa Final] Más cuando llega el invierno y el humo envuelve la acera, revive el alma del barrio gracias a la castañera.


El Despertar del Abuelo


 

El Despertar del Abuelo

Esto le ocurre a un abuelo al tiempo de despertar: ver que se encuentra muy solo sin tener con quien hablar.

Se dirige hacia aquel que antes estaba despierto, pero ahora, cuando lo mira, lo encuentra casi muerto.

Le toca con delicadeza, pero ya no le responde; por más caricias que le hace, se arruga y más se esconde.

—¿Qué te pasa, compañero, que no quieres despertar? ¡Coño, espabila un poco, al menos para mear!—

Antes, al levantarme, te bañaba en agua fría; hoy no te pones derecho ni viendo a una tía.

Una verdadera pena, todo se vuelve viejo: con la potencia perdida, solo queda el pellejo.

La mente ya no responde, los miembros van enfadados; cada uno va a su bola, ya no están comunicados.

Dicen que en la vejez se llega a disfrutar... ¡Lo sería si la escopeta se pudiera recargar!

Paciencia pide el destino, y el cuerpo pide clemencia; que a falta de buen empuje, ¡nos sobrará la experiencia!

El Partido Político

 

El Partido Político

Soy español pensionista, mi mente se está quebrando. Si escucho a los políticos, no sé de qué están hablando.

Al escucharlos hablar, creo que me falla el oído. No sé si hablan de política o están radiando un partido.

Que hay que formar un equipo, hacer varias coaliciones. Que unos son de primera, otras
de otras divisiones.

Unos juegan por el centro, otros juegan por los lados. Otros son extremos natos, otros andan despistados.

A veces alguno dice: «¡Vaya gol que le han metido!». No me entero dónde juegan, ni cuánto dura el partido.

Será la Copa del Rey la que se están disputando. Porque, si es otra cosa, yo no me estoy enterando.

Que el árbitro sea el Rey, para que le digan luego: «Pitó un penalti injusto y un gol en fuera de juego».

Hay tertulias cada día, infinidad de opiniones. Tengo dolor de cabeza... ¡Estoy hasta los cojones!

Tantas cosas incumplidas me llegan a cabrear. No me fío de promesas, ya no sé a quién votar.

Que se dejen de balones y se pongan a lo serio, que para un pensionista vivir ya es un ministerio.

El Gato Cómplice


 

El Gato Cómplice

El hombre tiene una amante, la ama con gran desuello, se pone como una fiera y le araña todo el cuello.

La que ha liado no es pequeña, él no sabe ya qué hacer, ni qué explicación daría al verlo su mujer.

Trata de disimularlo con cremas y con pomada, pero el roce es tan profundo que no le sirve de nada.

Se compra una bufanda para poderlo tapar, a ver si con esa prenda lo logra disimular.

En su casa tiene un gato, ¡la solución esperada! Al salir a recibirle le sacude una patada.

—¿Qué te hizo el gato, querido, que le tratas a trompazos? —¡Es que saltó a mi cuello y me dio dos arañazos!

—Tienes razón, esposo, está algo majareta... ¡A mí me arañó las nalgas y me mordió una teta!

Qué bien vino a la mujer la treta de su marido: le ahorró de dar detalles de lo que hizo su querido.

Bendito sea aquel gato que a los dos salvó el pellejo, pues pecaban por igual frente a frente en el espejo.

El Gallo en el Gallinero


 

El Gallo en el Gallinero

En esta vida puñetera se llega uno a cabrear: si te sobran muchas cosas, no las puedes disfrutar.

De joven, al ir al baile, tocaba una para diez; en la tercera edad, todo se vuelve al revés.

Cuando podía ser gallo y me sobraban hormonas, no había gallinas viejas, solo pollitas tontorronas.

Ahora cambiaron las tornas, no hay problema ninguno: si se te ocurre ir a bailar, hay diez mujeres para uno.

Se quedan todas mirando, uno no sabe qué hacer; encima, si eres pequeño, empiezas como a encoger.

Ellas, todas enjoyadas, uno allí como un pobrete; ponen la canción del gallo, el que echa tanto casquete.

Uno no sabe qué hacer y puede cometer fallos: hay allí muchas gallinas para muy poquitos gallos.

Cuando levantan las manos y una te saca a bailar, es que necesita un gallo y, además, quiere empollar.

Ponen canciones picantes para calentar el ambiente; como ya somos mayores, eso lo tienen presente.

Ni con eso uno se anima, te largas malhumorado: en medio de tanta gallina, puedes salir desplumado.

Por eso me voy pitando, antes de que sea tarde, que aunque el gallo tuvo fama, hoy el corazón no arde. No sea que alguna de ellas, con su arte y su salero, me deje sin una pluma y me robe hasta el llavero.

EL OLOR DEL DINERO.


Trabajó doce horas,
 termino muy cansado,
Era un duro trabajo,
el esquilar el ganado.

Cien pesetas de papel,
un sueldo para pensarlo,
Teme que se lo roben,
no sabe donde guardarlo.

Se le enciende una luz,
un escondite muy chulo,
Hace un canuto con él,
y se lo mete en el culo.

De regreso a su casa,
le da el apretón
Y se pone a cagar
detrás de un paredón.

Llega a casa contento,
alegre y relajado,
y la mujer le pregunta,
¿Cuánto dinero as ganado?

El mundo se viene encima,
no sabe qué responder,
Se da cuenta del gran fallo,
se marcha a todo correr.

Rápido lo encontró,
 enrollado y rebozado,
No hay agua cerca,
no procede a su lavado.

Ese pequeño problema,
lo soluciono rápidamente,
Saco su manguera,
y lo dejó reluciente

Se lo entrega a la mujer,
que lo huele sin cesar,
¡Es un billete fantástico!,
 me huele a flor de azahar.



Cuestión de principio



Cuestión de principio

Católicos de toda la vida, no admiten otra opción, renegarán de sus hijos si cambian de religión.

Pobres de solemnidad, en un pueblo sin futuro, su hija abandona el hogar para ganar algún duro.

—Hija mía, eres hermosa, y eso es un don divino; reza mucho al Señor, Él te marcará el camino.

Al año regresa a casa, les dará una gran sorpresa; conduce un deportivo, viste como una marquesa.

—¡Padres, os traigo regalos! Para papá, un tractor; diez vestidos para madre y encargado un comedor.

—Tu oficio será especial y muy bien remunerado; ¡qué ver en tan poco tiempo lo mucho que has ahorrado!

—Es un oficio de antaño, que siempre ha estado pagado; no hace falta invertir y jamás ha fracasado.

Es un trabajo sencillo, solo aguantar algún peso; hoy se llama, simplemente, "trabajadora del sexo".

—Ese empleo es muy bueno, tienes nuestra aprobación; lo importante es ser honesta... ¡Y no cambiar de religión!

Ponen rumbo a la parroquia, con el tractor estrenado, que el cura limpie la culpa... ¡Y que el diezmo esté pagado!

miércoles, 21 de enero de 2026

Escaños de pueblo

 


Escaños de pueblo

En los líos de política, a todos sigo escuchando: dicen que deben unirse porque faltan los escaños.

Esos trastos tan antiguos, que se dejaron de usar, hacían daño en el culo al tenerse que sentar.

En el pueblo tengo varios, donde ocho pueden estar; como todos están gordos, se tendrán que apretujar.

Eran de mi bisabuela, que se llamaba Ceroma. Están curados al humo: ¡nunca entró la carcoma!

Son muy polivalentes, sirven para mil funciones; por ellos pasaron culos de muchas generaciones.

Habrán servido de cama, o para echar la siesta; para fabricar un niño en algún día de fiesta.

Tienen gotas de chorizo y churretes de jamones; gérmenes acumulados de muchas generaciones.

Al estar hoy en desuso, no cumplen su cometido; estoy dispuesto a venderlos... no importa a qué partido.

Disputar por un escaño, para mí es perder el tiempo; los políticos de ahora son culos de mal asiento.

Así que si algún ministro busca sitio en el Congreso, que me compre mis escaños... ¡Y que le cunda el progreso!

La Carrera de las Novicias

 


 La Carrera de las Novicias

Dos novicias encerradas, llevan tristeza de vida, una noche hacen novillos por conocer la movida.

Se les paran los relojes, se olvidan del aposento, y a las seis de la mañana es la hora del recuento.

Es norma de la movida, al poner el colofón, enseñar a las novatas el rito de iniciación.

Asustadas las muchachas, pues no lo habían pensado, salen las dos correteando cada una por su lado.

A la puerta del convento se vuelven a encontrar, y lo normal en esos casos es ponerse a preguntar:

—¿Cómo te fue, Sor María? Espero que no hayas pecado, pues irías al infierno y eso no es perdonado.

—¡Tres veces pequé! —dijo ella— alego en mi defensa: él era un tío macizo y yo una pobre indefensa.

—¿Y tú qué hiciste, hermana, ante tales situaciones? —Yo me subí bien el hábito si él bajó los pantalones.

—¡Pero qué poca vergüenza! ¿No te han dado el resultado? Que corre más una monja con el hábito elevado, que un hombre que intenta alcanzarla con el pantalón bajado.



Escotes y Sotanas.


 ESCOTES Y SOTANAS

Se llevan grandes escotes, algunos son de locura, y van creando problemas... sobre todo a los curas.

Son tan provocativos, difíciles de aguantar, con pechos como los presos que se quieren escapar.

Una va a confesarse y el cura, cuando la mira, siente que se le dispara totalmente la puntería.

—No puedo darte el perdón, ni escuchar tus pecados; ni con los ojos vendados me siento yo concentrado.

Y menos con tal calor, mejor vuelve en el invierno; quiero evitar tentaciones y no acabar en el infierno.

—Esos son problemas suyos, me importan un comino; como católica que soy, ¡es mi derecho divino!

—El derecho será divino, ¡de locura es el izquierdo! Hija, no me tientes más, ¡que si sigues, te los muerdo!

Enseñar tanta "chicha" es cosa de locura, y es la causa principal de que nadie quiera ser cura.

Así que tape ese escote y no sea usted tan pollina, que si el cielo es para santos, ¡la tentación es divina!

Cuestiones de fe... y de bolsillo


 

Cuestiones de fe... y de bolsillo

Me abordaron dos mujeres de esas que van predicando: que se va a acabar el mundo, que me vaya preparando.

—¿Y cuándo va a ser eso? ¿Si mucho va a tardar? Miren que ya soy mayor, no puedo mucho esperar.

—Se lo toma usted a broma, pero con toda certeza, como muera en el pecado, va al infierno de cabeza.

—Ya se cerró el purgatorio, el infierno está al caer; con el precio de energía, no se puede sostener.

No se sabe todavía lo lejos que puede estar, ni existe aquel transporte que nos pueda allá llevar.

Yo no quiero ir al cielo, debe haber muchos follones: una mezcla de creencias y de mil religiones.

Estas "salva-almas" locas me querían armar un lío... ¿Serán acaso viudas o no aguantan al marido?

—Adiós, mis buenas señoras, ya lo pensaré después; ahora lo que me importa es llegar a fin de mes.

Que si el juicio final llega, no me pillará sufriendo, pues con lo que sube el pan... ¡Ya lo estoy yo padeciendo!

Mentiras de Parque

 


Mentiras de Parque

Dos abuelos en el parque se cuentan sus aventuras, recordando sus conquistas, sus amores y locuras.

De jóvenes ya mentían, de abuelos, más que antes; no se comieron un rosco y presumen de amantes.

Un abuelo desaparece, el otro está sorprendido; no sabe lo que ha pasado, pues se ha ido sin sentido.

Medio año sin noticias, sin saber qué sucedió, y sin decir una palabra, un buen día apareció.

—Dime qué es lo que te pasa, me tenías preocupado; sabes que soy tu buen amigo, ¿dónde coño has estado?

—Tú sabes que mi vecina está que explota de buena; un día le toqué el culo y he cumplido una condena.

Me acusó de violador, se celebró pronto el juicio; yo afirmé que era verdad, ¡pues la tía está de vicio!

—Estás como una chota, es mentira con certeza; por muy buena que ella esté, a ti ya no se te endereza.

—La juez no me condenó por violador ni por acoso; fue por ser tonto del culo, presumido y mentiroso.

—No me des más explicaciones, pues me das una envidia sana; ¡yo voy a tocarle el pecho para entrar en la trena mañana!

La Valla de la Fábrica

 


La Valla de la Fábrica

Se conocieron en la fábrica en la que tanto trabajaron; compañeros de la cadena, en ella se enamoraron.

Allí pasaron los años, se casaron, tuvieron hijos; con el dinero ahorrado pudieron comprar un piso.

Ahora ya son abuelos, los dos están jubilados; añoran aquellos tiempos de sus amores pasados.

—Marido, en esos tiempos tú eras muy achuchón; me ponías contra la valla y me hacías el amor.

—Al tener que hacerlo de pie, tú a la valla te agarrabas; apretabas con mucha fuerza y bien que lo disfrutabas.

—Vayamos un día a aquel sitio, nos saltaremos la norma; lo haremos como entonces, a ver si estamos en forma.

—Es un plan casi perfecto, nada nos va a fallar; tú te agarras a la valla cuando empieces a temblar.

—¿Cariño, qué es lo que te ocurre? Te encuentro muy diferente: chillas, gritas y saltas... ¡Hasta produces corriente!

—¡Marido, eres gilipollas! Yo no he cambiado en nada: es la puñetera valla, ¡que ahora está electrificada!

El viejo quedó pasmado al ver tanta "energía", ¡vaya forma de acabar su noche de fantasía!



No Tenía un Antivirus


 ¿Pregunta?

Ha pasado mucho tiempo, no me había ni enterado de que te habías echado novio; a lo mejor te has casado.

—Tengo pareja lejana, a pesar de lo que ves; ahora todo es muy fácil, se liga por internet.

Sé que no es un problema, lo puedo comprender; lo bonito en estos casos es llegarse a entender.

Lo jodido de este asunto es el no tenerlo a mano, ni hablar el mismo idioma... ¡Ya que el tipo es australiano!

Nunca nos hemos juntado, lo llevamos con paciencia; ahora mismo nos tratamos por la videoconferencia.

La amiga queda perpleja es que no entiende nada; le está mirando la tripa... ¡Ve que está embarazada!

—Es tremenda la distancia, eso sí, es una putada; ¿dime qué coño hiciste para quedarte preñada?

—Un día salí del baño, recibí su llamada: él me introdujo un virus... ¡Y rápido fui contagiada!

—No me digas tonterías, y menos gilipolleces; yo uso el ordenador cada día varias veces.

Quizás sepas más que yo en lo que tienes que hacer: ¡pon un antivirus que avise cuando te lo van a meter!

Si por un virus nació el niño, no lo lleves al doctor, mejor busca a un informático que le instale un procesador.



E l cazador y la "pieza"


 l cazador y la "pieza"

El mozo era algo feo, de los pies a la cabeza. Al monte se marchó solo, por si caía una pieza.

El pobre estaba de caza, bastante desesperado. Seis horas lleva de marcha, y nada había cobrado.

Tras unos bajos matojos, algo blanco se movía. Rápido suelta un disparo, alguna pieza sería.

Un grito surge al momento, sale una moza llorando: ¡le pegó un tiro en el culo, que la pobre estaba obrando!

El médico a seis leguas, sin medios para llevarla; como el mozo estaba fuerte, la cargó sobre su espalda.

El doctor, al ver aquello, le dice amenazador: —¡A un culo tan primoroso, le has hecho un colador!

—Esto fue un accidente, créame, la confundí. Al ver ese blanco bulto, ¡pensé que era un jabalí!

—Tirar un tiro a lo tonto, se paga siempre muy caro. Nadie quiere una mujer, con el culo agujereado.

—Extraiga los perdigones, sé lo que tengo que hacer: por esta equivocación, ella será mi mujer.

Era un caso muy sencillo, no valía querellarse. Estando los dos solteros, el castigo era casarse.

Se casaron, son felices, y perduran todavía. ¡Esa fue la mejor pieza, de toda su cacería!


 

La gabardina y el susto


 

La gabardina y el susto

Reacción de las mujeres, esas que yo no comprendo: no les asusta lo grande y les aterra lo pequeño.

Si ven un pobre ratón, se suben a una tarima; ven un caballo o un burro y quieren subirse encima.

Si ven una cucaracha, empiezan a dar mil saltos; se refugian en la casa, en los sitios más altos.

Podría poner ejemplos de una infinidad de casos; sirva esta introducción para explicar estos pasos.

El hombre exhibicionista, al abrir la gabardina, ve que la mujer se escapa si la tiene chiquitina.

Pero si la tiene grande, ya no la está intimidando; pondrá cara de asombro, ¡pero seguirá mirando!

Contará luego a sus amigas: «era algo de mucho asombro, si se la echa hacia arriba le llegaría hasta el hombro».

«Y teniéndola hacia abajo —era una maravilla— por lo menos le llegaba muy cerca de la rodilla».

Las amigas le dirán: «eres una exagerada; tendrás que demostrarlo, no te creemos nada».

Si la tienes muy grande, no sueñes con dar un susto. Mejor deja de enseñarla, te encontrarás más a gusto.

No presumas de ese modo ni peques de fanfarrón, que ellas lo quieren todo, ¡pero con moderación!

Un pellizco Muy Caro


 

De joven uno se obsesiona, a veces por muy poquito. Yo me encapriché de una por tener un buen culito.

Cada vez que la veía, lo que pensaba primero era mirar por detrás y admirar su trasero.

No se usaban los "shorts" ni esas cosas modernas; la falda era más larga, tapando bien las piernas.

Un día estrenó medias, su falda se encogió, y de verla tan bonita mi mente se trastornó.

Ese día no pude más, me puse como un garrulo; en un descuido que tuvo le di un pellizco en el culo.

Ella se pegó un gran susto dando un salto muy alto; quiso la mala fortuna que cayera en un charco.

Se rompieron sus medias, yo tuve que pagarlas; eran medias de cristal, no podían repararlas.

Costaron ocho pesetas, ¡caro el pellizco salió! Ella no tuvo la culpa, la culpa la tuve yo.

Me marché de aquel lugar, tardé diez años en verla; ya no era de pellizcar, estaba para comerla.

Nunca la volví a ver, para mí fue lo mejor: ella ya tenía músico que le tocara el tambor.



El baño en el río

 


El baño en el río

Un domingo de verano, de esos veranos calientes, va con su mujer al río, lo normal, lo más corriente.

Con la típica tortilla y filetes empanados, buscan siempre el chapuzón para sentirse aliviados.

Ella, bajo la arboleda, se queda un rato descansando: —Ya me bañaré después, si me van dando las ganas.

—Marido, no te preocupes, me sentaré aquí de frente, así me mojo un poquito, que me asusta la corriente.

—Ten cuidado con las rocas, que al pisar te deslizas, al estar algo mojadas son muy escurridizas.

Desoyendo los consejos se escurre cayendo al río; con corriente y remolinos asustó al pobre marido.

Él no la puede sacar, pesa mucho la mujer, y tiene que salir del agua para ayuda poder pedir.

Llegan pronto los bomberos, él señala la caída: —¡No la busquen hacia abajo, hay que buscarla hacia arriba!

—Eso que usted nos indica es para no hacerle caso, en situaciones así se busca siempre hacia abajo.

Cuarenta años de casado, ya conozco bien su mente: solo por darme por culo, ¡nadará a contracorriente!

Amor a Alta Tensión


 

Amor a Alta Tensión

La pobre vino de culo, poco que agradecer. La consideraron fea al momento de nacer.

Su infancia fue muy dura, la pasó muy aislada; nadie jugaba con ella, se sintió muy marginada.

Llegó a la edad del amor, ningún mozo se acercaba; la pobre estaba muy triste y de vez en cuando lloraba.

Se le pasó pronto el arroz, se quedó seco y sin caldo; a pesar de ofrecerlo, nadie quiso ni probarlo.

Intrigada, la mujer, siempre estaba pensando: «¿Qué sentirá una mujer si se la están enchufando?».

Preguntó qué se sentía, si era algo diferente. «Más o menos —le dijeron—, ¡cómo cuando da corriente!».

Enchufó un cable en el culo, con otro tocó una teta; se puso como una moto, llegó muy pronto a la meta.

Eso le pareció poco, quería más emoción; una noche se enchufó a un cable de alta tensión.

No contó qué le pasó, allí nadie sabe nada; la encontraron sonriente, un poquito churruscada.

Aquí se acabó la historia de un ser tan diferente: murió de una sobredosis por culpa de la corriente.

No busquen explicaciones, ni le den vueltas al coco: ¡Se fue feliz la muchacha, con un orgasmo de foco!