El Whisky de la Venganza
Con su mujer no va bien, no lo quiere ni pensar; para olvidar el asunto, pide un whisky en el bar.
La mujer lo tiene a raya, es dura de campeonato; le da tan poco dinero, que pide el whisky más barato.
Al pedirlo se confunde el camarero despistado: en vez de servir el pobre, le pone el whisky más caro.
—Quizás no me has escuchado o me quieres vacilar; el whisky que me has puesto yo no lo puedo pagar.
—No se preocupe, señor, si no lo puede pagar; tómelo tranquilamente, que yo le voy a invitar.
—Seguro que eres el dueño y algo estás celebrando: tu aniversario de bodas o quizás tu cumpleaños.
—Solo soy el camarero, si es lo que quieres saber; el dueño es un sinvergüenza que se acuesta con mi mujer.
Beba usted cuanto quiera, que así la cuenta se muerde; pues en esta perra vida, ¡cada uno jode como puede!
Y así brindaron los dos, con el whisky de malta, por lo que a uno le sobra y al otro tanto le falta.

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