Cuestiones de fe... y de bolsillo
Me abordaron dos mujeres de esas que van predicando: que se va a acabar el mundo, que me vaya preparando.
—¿Y cuándo va a ser eso? ¿Si mucho va a tardar? Miren que ya soy mayor, no puedo mucho esperar.
—Se lo toma usted a broma, pero con toda certeza, como muera en el pecado, va al infierno de cabeza.
—Ya se cerró el purgatorio, el infierno está al caer; con el precio de energía, no se puede sostener.
No se sabe todavía lo lejos que puede estar, ni existe aquel transporte que nos pueda allá llevar.
Yo no quiero ir al cielo, debe haber muchos follones: una mezcla de creencias y de mil religiones.
Estas "salva-almas" locas me querían armar un lío... ¿Serán acaso viudas o no aguantan al marido?
—Adiós, mis buenas señoras, ya lo pensaré después; ahora lo que me importa es llegar a fin de mes.
Que si el juicio final llega, no me pillará sufriendo, pues con lo que sube el pan... ¡Ya lo estoy yo padeciendo!

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