El Gato Cómplice
El hombre tiene una amante, la ama con gran desuello, se pone como una fiera y le araña todo el cuello.
La que ha liado no es pequeña, él no sabe ya qué hacer, ni qué explicación daría al verlo su mujer.
Trata de disimularlo con cremas y con pomada, pero el roce es tan profundo que no le sirve de nada.
Se compra una bufanda para poderlo tapar, a ver si con esa prenda lo logra disimular.
En su casa tiene un gato, ¡la solución esperada! Al salir a recibirle le sacude una patada.
—¿Qué te hizo el gato, querido, que le tratas a trompazos? —¡Es que saltó a mi cuello y me dio dos arañazos!
—Tienes razón, esposo, está algo majareta... ¡A mí me arañó las nalgas y me mordió una teta!
Qué bien vino a la mujer la treta de su marido: le ahorró de dar detalles de lo que hizo su querido.
Bendito sea aquel gato que a los dos salvó el pellejo, pues pecaban por igual frente a frente en el espejo.

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