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miércoles, 21 de enero de 2026

La gabardina y el susto


 

La gabardina y el susto

Reacción de las mujeres, esas que yo no comprendo: no les asusta lo grande y les aterra lo pequeño.

Si ven un pobre ratón, se suben a una tarima; ven un caballo o un burro y quieren subirse encima.

Si ven una cucaracha, empiezan a dar mil saltos; se refugian en la casa, en los sitios más altos.

Podría poner ejemplos de una infinidad de casos; sirva esta introducción para explicar estos pasos.

El hombre exhibicionista, al abrir la gabardina, ve que la mujer se escapa si la tiene chiquitina.

Pero si la tiene grande, ya no la está intimidando; pondrá cara de asombro, ¡pero seguirá mirando!

Contará luego a sus amigas: «era algo de mucho asombro, si se la echa hacia arriba le llegaría hasta el hombro».

«Y teniéndola hacia abajo —era una maravilla— por lo menos le llegaba muy cerca de la rodilla».

Las amigas le dirán: «eres una exagerada; tendrás que demostrarlo, no te creemos nada».

Si la tienes muy grande, no sueñes con dar un susto. Mejor deja de enseñarla, te encontrarás más a gusto.

No presumas de ese modo ni peques de fanfarrón, que ellas lo quieren todo, ¡pero con moderación!

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