El baño en el río
Un domingo de verano, de esos veranos calientes, va con su mujer al río, lo normal, lo más corriente.
Con la típica tortilla y filetes empanados, buscan siempre el chapuzón para sentirse aliviados.
Ella, bajo la arboleda, se queda un rato descansando: —Ya me bañaré después, si me van dando las ganas.
—Marido, no te preocupes, me sentaré aquí de frente, así me mojo un poquito, que me asusta la corriente.
—Ten cuidado con las rocas, que al pisar te deslizas, al estar algo mojadas son muy escurridizas.
Desoyendo los consejos se escurre cayendo al río; con corriente y remolinos asustó al pobre marido.
Él no la puede sacar, pesa mucho la mujer, y tiene que salir del agua para ayuda poder pedir.
Llegan pronto los bomberos, él señala la caída: —¡No la busquen hacia abajo, hay que buscarla hacia arriba!
—Eso que usted nos indica es para no hacerle caso, en situaciones así se busca siempre hacia abajo.
Cuarenta años de casado, ya conozco bien su mente: solo por darme por culo, ¡nadará a contracorriente!

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