El Secreto del Chef
En esta pequeña aldea, había un chef conocido, no necesitaba gran cosa para hacer un buen cocido.
Allí mataban los cerdos, una cosa exagerada, pero él era una figura: nunca mataba nada.
Una lumbre en la cocina, un escaño para sentarse, un pote para guisar y calor para calentarse.
Era el sabio de la aldea, guisando siempre el mejor; sin poner nada de cerdo, su cocido tenía sabor.
No revelaba el secreto de sus métodos sencillos, aunque sabían en el pueblo que no usaba calzoncillos.
Con los garbanzos ya tiernos, los apartaba del fuego, quitaba la tapa al pote... ¡y se calentaba los huevos!
Sus atributos calientes desprendían el sudor, y ese era el gran secreto que daba al guiso el sabor.
Una receta sencilla, muy fácil de recordar; sale además muy barata, ¡si alguien la quiere probar!
Mas recordad el consejo si vais a ser cocineros: ¡que no se os queme la pringá al meterla en el caldero!

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