El Baile en Castilla
En la Castilla profunda, de mentes muy atrasadas, ir a bailar a otro pueblo era empresa arriesgada.
De joven se arriesga mucho, fui a un lugar desconocido; de tiempos de Mari castaña, más cerrado que el mío.
Vi a una moza muy sola, nadie la osaba invitar; estaba bien la muchacha, lo que me llegó a extrañar.
"La curiosidad mató al gato", y eso me pudo pasar; le eché un par de pelotas: —"Dime, ¿quieres bailar?".
Rápido se aferra a mí, me quedo muy sorprendido; siempre decían que no, más a un desconocido.
Tras dos piezas musicales, ella seguía a mi lado; yo empecé a sospechar: "Aquí hay gato encerrado".
Su padre la vigilaba, el más bruto del lugar; al que se arrimara un poco el cuello le iba a quebrar.
Yo ignoraba aquella historia y bien que la apretujaba; ella estaba por la labor, yo noté que le gustaba.
Contempla el padre, la escena, los dos calientes, a tono; el hombre viene hacia mí, ¡quiere partirme el lomo!
El baile se paraliza, todos miran la función; —"¡Corre, muchacho! —me dicen—, ¡evita la paliza hoy!".
Vaya que salí corriendo, sin mirar nunca hacia atrás; salté montes, crucé ríos... ¡Y no volví nunca más!
Hoy recuerdo aquel susto con mi vida ya asentada, que por un baile apretado casi no cuento ya nada.




























