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viernes, 23 de enero de 2026

Trago, a Perra Gorda.

 


Ahora se compra el agua, a veces la cobran cara. Yo la estuve vendiendo... y a veces no la cobraba.

Llegaba un día de fiesta, yo nada podía comprarme. Para sacar unas pesetas, tenía que sacrificarme.

Vendía agua en el fútbol, en la plaza vendía polos; vendía helados en la era donde jugaban a los bolos.

Con tres botijos prestados y tres amigos unidos, vendíamos toda el agua en lugares concurridos.

Los jóvenes de entonces muy pocos tenían dinero. A perra gorda el trago... ¡No se fiaba al primero!

Sacábamos para churros y para algunas gaseosas, pero éramos felices consiguiendo aquellas cosas.

Con qué poco uno se conforma cuando no se tiene nada; esos recuerdos perduran, no se olvidan por nada.

Marché de mi pueblo joven, las pasé muy "cañetas"; sin recibir un apoyo, uno las pasa muy putas.

Esto les cuento a mis nietos y me miran sonriendo: —"Abuelo, eres un cuentista, creemos que estás mintiendo".

Que piensen que soy cuentista, no me importa su opinión, ¡que lo que hoy tienen de sobra nació de aquel botijón!


E

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