El Prior y el Agua Bendita
Novicias, en una charla, les dice la superiora: —Si alguna tiene pecado, puede confesarlo ahora.
Hoy viene el padre prior, le confesáis el pasado; es como pasar la ITV: os quedaréis sin pecado.
—Vamos a ver, hijas mías... Para quedar sin pecados, tenéis que estar desnudas, con los cuerpos bien lavados.
Para limpiar bien los bajos, usaréis agua bendita; esa los deja bien limpios, además los purifica.
Para dejaros perfectas, en las mejores condiciones, os revisaré una a una: no quiero aglomeraciones.
Al cabo de varios días, se le ocurre preguntar: —¡Y con el agua bendita! ¿Dónde la vais a tirar?
—Nunca la tiramos, padre, es bendita y purificada; otra vez vuelve a la pila para ser reutilizada.
Estamos todas de acuerdo en que debemos gastar poca, que usted y la superiora con ella enjuagan la boca.
El prior se queda mudo, la cara se le encendió, pues no contaba el buen hombre con lo que el grupo entendió.

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