Aniversario con Solera
Celebran un aniversario, treinta años ya de casados. Y piden para la cena un surtido de pescados.
La señora se conserva, como buena cincuentona, pero esa noche se arregla y se pone muy matona.
Es una cena especial, con un servicio muy fino, y escoltan al menú dos botellas de buen vino.
Llega la hora del baile, él ya un poco mareado, la aprieta con una fuerza que nunca antes había usado.
Ella, extrañada, pregunta: —¿A qué viene esta cosa? —Cariño, es que con el vino, ¡te pones como una rosa!
—¿Qué vino ni qué narices? ¡Estás tonto, mi marido! Yo solo he tomado agua, vino nunca he bebido.
—Que tú no bebas, mi vida, no cambia nada la cosa... ¡Yo me trinqué las botellas y ahora te veo preciosa!
Ella, viendo el panorama, aprovechó la ocasión: se pidió otra botella, pero esta vez... ¡De ron!
Soñó con una noche loca, toda llena de pasión, pero a él le dio un desmayo por subida de tensión.
Ella se tomó su ron con un aire de victoria, mientras él duerme la mona ¡sin pena ni gloria!

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