El Diagnóstico de la Mujer
El hombre se encuentra mal, cada día un poco peor, es reacio a medicinas y a visitar al doctor.
—Marido, eres un cabezón y así no te vas a curar, ya te pedí cita al médico y te voy a acompañar.
Le hacen unos análisis, él no los quiere ni ver; que de todo lo que salga se entere solo su mujer.
—Su marido no está mal, vea usted los resultados: solo necesita amor y unos mimos adecuados.
Que no fume, que no beba, que haga el amor cada día, que tenga mucho descanso y una excelente comida.
Si sigue bien este régimen y corre alguna juerga, vivirá muchísimos años... ¡Seguro que a usted la entierra!
La mujer escuchó atenta, guardó el papel en la mano, pensó: «si le digo esto, este se me pone sano».
Llega la mujer a casa, él pregunta muy asustado: —¡Dime pronto cómo estoy y cuál fue el resultado!
—Que estás hecho una miseria, que vas a dejar de sufrir... ¡Pon los bienes a mi nombre, que pronto te vas a morir!

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