Pan, vino y tocino
Pan, vino y tocino, antes eran esenciales; con eso llenaban la tripa, con eso curaban los males.
De niño escuché mil historias, de alguna aún me acuerdo. Casi todas hablaban de hambre, esta viene hoy a mi recuerdo.
Sucedió entre madre e hija, la escuché yo de chiripa: poco le hablaba de amores, solo de llenar la tripa.
La madre decía a la hija: «Como esto pronto no cambie, busca un rico y no un amor, y procura no pasar hambre».
A la chica la busca un mozo que mata más de un gorrino, que cosecha mucho trigo y hasta él mismo se hace el vino.
Pero ella siempre lo rechaza y, cuando la madre se entera, le dice: «Hija, tú estás loca o estás mal de la sesera».
«Sabes bien que son tres cosas las que resultan primordiales: con pan, vino y con tocino, se remedian todos los males».
«Remedian los de la tripa, quitan el hambre al momento, pero para estar satisfecha, hace falta un complemento».
«Comprobé que tenía pan, bebí un buen vaso de vino, y me comí un bocadillo con un trozo de tocino».
«Me mostró aquellos manjares y me dejó impresionada... pero cuando enseñó el chorizo, ¡me dejó decepcionada!».
Moraleja de esta historia: no te fíes del destino, que no todo es buen embutido, aunque sobre el pan y el vino.

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