Le robó un metro a su madre,
todo lo estaba midiendo,
y su padre le pregunta:
—¿Tú qué coño estás haciendo?
—Estoy midiendo la puerta
para ver qué puedo hacer,
por si me viene pequeña
al terminar de crecer.
Al terminar con la puerta,
pienso medir la ventana,
por si entra poca luz
en una oscura mañana.
—Hijo, estás como una cabra,
te considero un cabrito;
ya que lo mides todo,
te puedes medir el pito.
Aquel muchacho creció
casi sin darse cuenta,
quería tener una novia
de noventa-sesenta-noventa.
Iba al baile con un metro
y con mucho disimulo,
medía teta y cintura,
las caderas y el culo.
Dio con la chica perfecta,
pronto se quiso casar;
ella quedó embarazada
y pronto empieza a engordar.
Veinte años de casados,
él sigue obsesionado,
le dice a la mujer:
—¿Por qué te has engordado?
—Es cosa de mujeres,
engordamos un poquito;
diferente de los hombres,
que se os encoge el pito.
La esposa se lo midió,
él no supo qué responder,
tiró el metro a la basura
y se abrazó a su mujer.























