La joven fue por el campo recogiendo varias flores, contemplando su belleza y aspirando sus olores.
Con el tiempo sintió sed, se acercó a un nacimiento. En la orilla encontró un sapo llorando de sufrimiento.
Él le dio las buenas tardes, le dijo: «Puedes beber. Soy guardián del manantial, te puedes quitar la sed».
Ella se quedó de piedra, no sabía qué pensar. Solo preguntó al sapo: «¿Cómo es que puedes hablar?».
«Yo era guarda de este campo, le di a una bruja un sopapo. Ella era una bruja mala y me convirtió en sapo.
Si me llevas a tu casa y me metes en tu cama, se deshace el hechizo al llegar la mañana».
La joven, que era buena y amiga de hacer favores, se lo llevó a su casa escondido entre las flores.
Con mucho amor y cariño lo acomodó en la cama, esperando el milagro al llegar la mañana.
Lo malo fue al despedirse: el padre oyó ruidos raros, abrió la puerta despacio y los sorprendió abrazados.
Y aquí se acaba la historia que la joven inventó, porq el padre no era tonto y jamás se la creyó.

No hay comentarios:
Publicar un comentario