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martes, 19 de mayo de 2026

El entierro del cachondo

 

Os presento a la Dolores, que se quedó sin marido. Muy querido por el pueblo, era un cachondo perdido.

Quería ser recordado en toda la población, y aprovechó para morirse el Domingo de Resurrección.

Le dicen a la Dolores, que no para de llorar: —No te desesperes tanto, que puede resucitar.

—Este ya no resucita, su vida llegó a la meta. Se murió en día señalado para hacerme la puñeta.

Con un rosario en la mano la mujer sigue rezando. Levanta un poco la vista, ve a las vecinas llorando.

Esto despierta sospechas, la espera se le hace larga. Desea terminar pronto y el coche fúnebre tarda.

Por fin aparece el coche, Dolores suelta un suspiro: «En cuanto pueda me junto... ¡Adiós, querido marido!».

Todo el mundo en silencio, la mayoría rezando. De entre la multitud sale un niño gritando:

—¡Papá, no me abandones! Sin ti me siento perdido. Sabes que te quiero mucho, ¡para y llévame contigo!

Se para el coche fúnebre, sale el chofer gritando: —Hijo, no te puedo llevar, ¡que ahora estoy trabajando!

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