Él es un multimillonario que trafica con diamantes. Se lo puede permitir: tiene una joven amante.
Le puso un guardia de escolta además muy bien pagado, pero se aseguró antes de que estuviera capado.
El rico hace el amor a su amante, que es una mujer muy bella; ella mirando el Twitter, como si no fuera con ella.
Al ver que no funciona, al guardia pide un favor: que cuando esté en la faena se quede de espectador.
«Dime qué es lo que hago mal, tú que antes de ser capado tuviste ya cinco hijos y buena caña que has dado».
Contempla cómo lo hace el rico, sin tomárselo con prisa, la amante mirando al móvil y el guardia muerto de risa.
«Ocupa tú mi lugar, dale a esta mujer placer; eres un pobre impedido y no lo podrás hacer».
Se metió en la faena el guardia, el amante contemplando; la joven tiró el teléfono y se desgañita gritando:
«¡Este tipo es fantástico, es un puro caramelo! Me sube hasta las nubes, ¡ya estoy tocando el cielo!».
«Explícame de una vez, si eres un ser desahuciado, ¿cómo la haces tan feliz, si te contrate capado?».
«Yo no estoy capado, amigo, tú eres un rico muy lelo: yo estoy de suplente hoy... ¡él es mi hermano gemelo!»

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