Era un matrimonio extraño, de los que llaman atípico: formado por una miss y él, gordo y bastante rico.
De vecino, un joven guapo siempre estaba pregonando: «A esa mujer tan bella me la estoy beneficiando».
Al escuchar tal historia, todo el mundo le decía: «Eres un gran embustero, nadie se acerca a esa tía.
Si el marido se enterase de que te tiras a su esposa, te dará una paliza que te mandará a la fosa».
El marido al fin se entera de que la está calumniando, diciendo que a su mujer se la está beneficiando.
Un día lo encuentra solo, empieza la persecución: el joven corre como liebre, el gordo, como un león.
El marido va cansado, el joven demasiado fresco, hasta se para en un bar para tomar un refresco.
Se adentran en un callejón, una verja impide el paso. El joven piensa: «La cagué, esto termina en fracaso».
Llega corriendo el marido, pero no sabe frenar; mete la cabeza entre las rejas y no la puede sacar.
El joven le baja los pantalones y pronto sabe qué hacer: «Esto, cuando yo lo cuente, nadie se lo va a creer».
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