Llega al castillo el vampiro, en sangre muy rebozado; su mujer le da una torta: «¿Con quién coño te has pegado?
Haces siempre lo que quieres, te lo tomas todo a guasa. Te pones morado a sangre y no traes comida a casa.
¿Es que no sabes que al súper no puedo ir a por sangre? Cerraron las sangrerías y yo me muero de hambre».
«Puedes salir del castillo, hay una y mil maneras. Con lo buena que tú estás, puedes chupar a cualquiera.
Ponte un vestido muy sexy y sal fuera a pasear. Hay un montón de hombres tontos a los que puedes chupar».
«No te preocupes por mí, ¿sabes que somos eternos? Como no somos humanos, tampoco nos salen cuernos.
Yo no vengo de un festín, ni tampoco he comido; estoy hecho un santo cristo, ahora te explico el motivo.
Paseando por la noche vi durmiendo a una morena. Me lancé sin mirar mucho, pensando que estaba buena.
Con solo tocarle el cuello, la morena despertó, y una patada en los huevos del golpe me desmayó.
¡La morena era un chino, que por supuesto era listo! ¡Era un campeón de karate que me ha dejado hecho un Cristo!
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