Salió el hombre muy contento
caminando calle abajo,
pensando que era feliz
y tenía buen trabajo.
Quería mucho a su mujer,
ella era joven y bella;
él no miraba a otras mujeres,
siempre pensando solo en ella.
Ella, al hacer el amor,
ponía muy poco empeño;
alguna vez se quejó
de que lo tenía pequeño.
Le preguntó al urólogo
a ver qué podía hacer:
—Usa una bomba de vacío
a ver si la haces crecer.
No le funcionó el invento
y el pobre cogió complejo;
cayó en una depresión
y cazó menos el conejo.
Mil cosas intentó el hombre
y no le creció la cosa;
alguna noche enfermaba
y no dormía con su esposa.
Sale solo a pasear,
no le queda ni un amigo;
está de muy mal humor
y muy aburrido consigo.
Se encuentra con un vecino
que ni el saludo le da;
al siguiente día le suelta:
—¡Adiós, cornudo! ¿Qué tal vas?
Él se queda sin decir nada,
sin saber bien qué hacer;
no le queda otro remedio
que contarlo a su mujer.
Ve de nuevo al vecino
y casi le da un arrebato
cuando le dice: —¡Adiós, cornudo!
Además de ser chivato.
No hay comentarios:
Publicar un comentario