Manolín va muy apurado, con nadie se para a hablar. Necesita ver al médico para que lo pueda mirar.
Llega inquieto a la consulta, donde tiene que esperar; no para de dar mil vueltas al no poderse sentar.
Nervioso entra en la sala, le atiende una doctora. Él se queda sin palabras, ¡no dice ni buena hora!
Ella nota el nerviosismo en cuanto lo llega a ver; le pide que tome asiento, pero él se queda de pie.
—Dime qué es lo que te duele por no poderte sentar. ¿Será acaso de la espalda o de la zona lumbar?
Al oír a la doctora el pobre se viene abajo: —No es en la zona lumbar, es un poquito más bajo.
Me da vergüenza decirlo, es zona muy delicada; para que lo entienda bien: ¡el agujero de entrada!
—¡El de entrada es la boca! ¡Ese es el de salida! Entérate de una vez, ¡es el de toda la vida!
—No intente disimular, ¡que usted me parece loca!, si no sabe distinguir el culo de la boca.
—Mal camino es el que llevas y la senda que vas siguiendo; si no cambias de postura, ¡te va a seguir doliendo!

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