El marido está mosca y no sabe qué hacer, pues no está muy seguro de que le sea fiel su mujer.
Este esposo celoso ya no puede aguantar, y le pone un aparato para poderla espiar.
Le regala un colgante en forma de corazón, de esos sofisticados que usa el mismísimo Bond.
Y lo luce la esposa presumiendo de marido, sin saber que la escuchan con micrófono escondido.
En la noche se lo quita al estar ella dormida; el marido aprovecha y sabe qué hizo en el día.
Pasa ya medio año y no encuentra nada raro, pero la sigue espiando por ser un tío desconfiado.
Analiza sus costumbres, lo que detecta primero: es que ahora la mujer visita más al carnicero.
Unos días compra ternera, otros días paletilla, muy pocas veces chuletas, y un día pide morcilla.
Una noche al escuchar el hombre sufre un desmayo, al oír que su mujer ese día pide el rabo.
El carnicero le dice: —Cuánto lo siento,cariño. Hoy se lo llevó María, pero yo te lo guardo, ¡en en la próxima corrida!

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