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miércoles, 27 de mayo de 2026

Dos amigos y un buen vino


 Tres años llevan sin verse Manolo y su amigo Marcelino, y deciden celebrarlo con comida y un buen vino.

Vecinos desde pequeños, pero por una circunstancia, uno se quedó en Madrid y el otro trabaja en Francia.

Se sientan cómodamente para hablar de su vida, frente a un plato de callos con una buena bebida.

Manolo dice a su amigo: «Seguro te habrás casado con una guapa francesa que te haya enamorado».

«Sigo soltero, sin novia, y no me pienso casar; como chapurreo francés, me cuesta mucho ligar».

Terminan los ricos callos y la botella de vino. «Ahora cuéntame tú, ¿qué has hecho, Marcelino?».

«Yo ya me encuentro casado con la hija de Andrea, que andaba algo pachucha y no era guapa ni fea».

«Me gustaría saludarla para poder recordar aquellos tiempos pasados, si me invitas a cenar».

«Olvídate de saludarla, yo no te invito a la cena; te acabo de decir que mi mujer no está buena».

«No te preocupes por eso, yo sé que es algo sosa. Sabes que no soy delicado: ¡cenaremos otra cosa!».

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