La mujer entra en urgencias, ha tenido un arrechucho. El marido, preocupado, dice que está muy pachucho.
Han pasado doce horas y él está muy angustiado, sin saber de su mujer ni qué es lo que le ha pasado.
Por fin sale un doctor para darle información. Él no se puede contener, no controla su emoción:
—¿Cómo se encuentra mi esposa? Dígame qué es lo que pasa, si está en plenas condiciones para llevármela a casa.
—Sí se la podrá llevar cuando le demos el alta. Pero llevarla a su casa... no creo que haga falta.
Ella se encuentra muy bien, ya no le duele más nada. La tenemos en la cama, está súper relajada.
Tendrá que maquillarla si usted la quiere ver bella, y tendrá que vestirla, usted será su doncella.
Después se la llevarán para hacer un largo viaje. No le prepare maleta, no necesita equipaje.
El hombre rompe a llorar, sin saber qué responder: —Dígame ya, por favor, ¿se ha muerto mi mujer?
—No se preocupe por ella, ¡está vivita y coleando! Solo quería saber si aún la sigues amando.

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