El Tontolino está sin novia y se quería casar; es muy tímido y es pobre y no sabe conquistar.
En el pueblo vive un rico con tres hijas casaderas, que no las pretende nadie porque las tres son muy feas.
Tienen complejo de feas y no salen a la calle; no van a la santa misa y menos a ningún baile.
Pidiendo la mano de una saldría de sus apuros: podría comer caliente y también mojar el puro.
Aburrido de ser pobre y de vivir en la calle, no le queda otra salida: se presenta ante el buen padre.
Lo malo es que aquel anciano es duro como el acero; si alguno busca a sus hijas, piensa que es por su dinero.
No se lo piensa más, le echa valor a la vida; si el padre le dice «sí», le tocó la lotería.
—Mis hijas no salen nunca, dímelo de una vez: ¿cómo te has enamorado y cuál quieres de las tres?
—No estoy enamorado de ellas, ni vengo por su dinero; usted concédame a una, ¡que yo me enamoro luego!
































