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domingo, 18 de enero de 2026

El Precio de la Honoria

 El Precio de la Honoria

Cinco cabras me pidieron los padres de la Honoria; me reservaban a la hija para que fuera mi novia.

No acepté la propuesta, no sabía qué pensar: yo era un niño mocoso y ella a medio criar.

Mi contraoferta fue una cosa algo más fina: lo más que podía ofrecer era darles una gallina.

Sus padres casi me pegan y me tildan de roñoso, que soy un miserable, además de un tonto soso.

Al no llegar a un acuerdo, todo aquello fue cambiando: las formas de buscar novia fueron mucho mejorando.

Se podían hallar gordas, se podían buscar finas, sin necesitar las cabras ni cambiarlas por gallinas.

La Honoria seguía sin novio, ya era una veinteañera; la madre, desesperada, vio que se quedaba soltera.

Era demasiado tímida y de curvas carecía; era un poco difícil colocar la mercancía.

Barata me la ofreció, estaba ya de rebaja; lo que querían sus padres era sacarla de casa.

Alaban sus cualidades: "¡Es una chica divina! Trabaja mucho, come poco y en la cama es muy fina".

Pasó la era del trueque, la cosa marcha mejor: en estos tiempos actuales uno se casa por amor.

Y aunque el amor sea muy lindo, celebro con gran euforia que aún conservo mis cabras y no me cargué a la Honoria.

¿Como Consiguió la Medalla?

 

Era el marido ideal, amante y trabajador; casi el hombre perfecto, de lo bueno, lo mejor.

Su leve defecto era que, algún fin de semana, se pasaba con la bebida y se meaba en la cama.

A un marido tan bueno lo quiere perfeccionar: que corrija ese defecto y no se vuelva a orinar.

Verlo en tales condiciones le produce mal humor, y le manda que se duerma en el sofá del comedor.

Él duerme como un tronco, pues lo mismo le da descansar en el colchón o dormir en el sofá.

La mujer, que es católica, contó su desventura; al ir a confesarse, se lo dijo al señor cura.

Él, tratando de ayudarla, le ofrece un gran remedio: le entrega una medalla de la Virgen del Remedio.

—Cuando esté bien borracho y no se entere de nada, ata esto a su atributo y evitará la meada.

La mujer así lo hizo. Él despertó atontado: con el "miembro" al doble de tamaño, pero no se había meado.

Al mirarse la entrepierna descubrió la medalla: —¡Joder! Menuda batalla ha librado esta metralla.

La mujer le pregunta: —¡Estás hecho un desastre! ¿Dime qué hiciste anoche? ¿Dónde coño la pillaste?

—Del lugar no me acuerdo, mi memoria allí me falla... ¡Pero debió ser un convento, pues me han puesto una medalla!


Fea pero Cariñosa.


 Sueños de la juventud: tener una novia hermosa, sin pensar que "la no bella" te brinda mejores cosas.

Tuve una allá en el pueblo que no era una hermosura, pero tenía de todo... aunque era bruta y muy ruda.

Me hacía muchas caricias si me encontraba cansado; con sus manos tan ásperas me dejaba relajado.

Labios curtidos y gruesos, y si me daba un "chupetón", un mes me dejaba marca luciendo aquel moratón.

Sus pechos eran enormes, ¡yo estaba entusiasmado! Al meter uno en la boca casi muero asfixiado.

Dalle un pellizco en el culo era pura fantasía; me quebré una vez los dedos de lo duro que lo tenía.

¿Y en el amor? ¿Qué decir? Nunca llegué yo a la meta; sentía un pánico enorme al bajarme la bragueta.

Sabía que con sus manos debía tener cuidado: si agarra el "pinganillo", lo deja despellejado.

Como estaba muy seguro que nunca me dejaría, no le hacía mucho caso, la tuve desatendida.

Ella quería algo serio, buscaba echar sus raíces... ¡Se fue con otro y me dejó con un palmo de narices!

Memorias de Tinta y Pizarra.


 Al pasar frente a la escuela, me vuelven a resurgir las fatigas que pasé para aprender a escribir.

Con una simple pizarra me tenía que apañar: pizarrín para escribir, un trapo para borrar.

No utilizaba cuaderno ni un simple lapicero; era una época mala, carecía de dinero.

Aprender a usar la pluma me llenó de frustraciones: al mojarla en el tintero me llenaba de manchones.

Tuve una enciclopedia en la que pude estudiar; salí pronto de la escuela, no la pude terminar.

Como sabía sumar, ya tenía suficiente: me llevaron a un comercio como simple dependiente.

La maestra, un sargento, siempre estaba bien armada: unas veces con la regla, otras veces con la vara.

Ella mandaba en la escuela, el cura en la religión; y los padres siempre decían: "Ellos tienen la razón".

Tenía que estar atento, tenerla siempre contenta; decían en esos tiempos: "La letra con sangre entra".



El Milagro del Cura

 El Milagro del Cura

Un matrimonio normal pasa una época dura: ella no se queda encinta y piden consejo al cura.

El cura les ha prometido rezos al mismo Señor, pero antes deben decirle cuánto hacen el amor.

Los pilla desprevenidos, no saben qué contestar; le piden cinco minutos para poder calcular.

Los cálculos son exactos, responden con avidez: los dos están de acuerdo, ¡lo hacen una vez al mes!

Le pregunta a la mujer por tan poca actividad: —Mi marido la tiene floja, es una calamidad.

Al escucharlo, el marido contesta de mala gana: —Ella lo tiene escondido, ¡más seco que la mojama!

—Los dos estáis anticuados, esas no son las razones; hay muchas cosas hoy día, traigo aquí las soluciones.

Antes de hacer el amor, como algo muy natural, rebózate bien el "sitio" con crema lubricante.

Y tú, marido, al día, con algo que nunca falla: una horita antes de todo, te tomas una viagra.

Si nada de esto funciona o no lo sabéis hacer, como buen samaritano me dejas a tu mujer.

Soy como el buen pastor que cuida bien su rebaño; estoy joven y en forma, puedo hacer un buen apaño.

Llegó el niño esperado, no se sabe con qué ayuda: si fue efecto de la viagra... ¡O fue la gracia del cura!

La Flor que Nació del Dolor 2º

 2º capítulo de la flor

Ahora interviene Cupido, la princesa ya está lista. Surge al fin ese flechazo: amor a primera vista.

Lanza otra flecha al príncipe, apuesto y desconocido. Cupido, ya se retira: cumplió con su cometido.

Al Rey no le gusta nada ver a su hija asediada. «Si no la encierro pronto, me la dejarán preñada».

La encierra en una torre donde nadie pueda subir. Guarda muy bien las llaves, vela por su porvenir.

Su enamorado la ve al otro lado del foso. No puede vivir sin ella, en su vida no hay reposo.

Cuando el amor es tan fuerte no existen impedimentos; en situaciones extremas a veces surgen inventos.

Una maroma con garfio para salvar el abismo; cruzó el príncipe el foso: ¡inventó el funambulismo!

Otra con nudos y garfio es la que lanza a su amada. Sube por la pared alta, así inventó la escalada.

Una vez juntos, los dos, dan rienda suelta a su amor. Ella queda embarazada... y aquí surge lo peor.

Al verle la tripa hinchada, el Rey se queda asombrado: «¡Si yo te tengo encerrada! ¿Cómo coño te han preñado?».

«La torre no tiene váter, lo hacía fuera del muro, dejando así al descubierto buena parte de mi culo.

Mi enamorado vigila por la noche y la mañana; me apuntó con su cañón... ¡Y acertó en plena diana!

Al recibir el impacto me asusté en ese momento; cerré fuerte las piernas y se me coló hacia dentro».

El Rey quedó pensativo, no le entraba en la cabeza, pero no quiso ignorar a un joven con esa pieza.

«No lo dejes escapar, aprovecha la ocasión: no hay otro en el contorno con tan potente cañón».

El Rey le cedió su trono, estaba muy convencido: con el cañón de su yerno estaba bien defendido.

Se celebró una gran fiesta con gran menú incluido, y la princesa presumía del cañón de su marido.

Las damas del contorno se sintieron marginadas; sus maridos tenían solo carabinas descargadas.

Su reinado fue feliz, dejó buena descendencia. Mejoraron los cañones y ganaron en potencia.



La Flor que Nació en el Dolor 1º

 La Flor que Nació en el Dolor

Un relato de amor, pérdida y belleza

Había un Rey muy bondadoso, y una Reina sin igual, todo era maravilloso en aquel reino ideal.

Para más felicidad, la Reina quedó encinta. Esperaban un varón de noble y regia impronta.

Pero la dicha completa no suele durar cien años, y al llegar el nacimiento surgieron los desengaños.

La criatura viene inversa, se complica la partida, y los médicos no saben cómo salvar esa vida.

La Reina se debilita, el bebé no quiere salir, y ella entrega su aliento sin terminar de parir.

El Rey, ante tal tragedia, da la orden terminante: —¡Tiren fuerte del infante! ¡Hay que seguir adelante!—

No es un varón lo que nace, es una niña preciosa, parece una muñeca con su carita de rosa.

El Rey le entrega su amor, su ternura y su cariño; no piensa casarse más, ya no le importa un niño.

Mas la imagen del suceso en su mente quedó fijada: no quiere volver a ver a ninguna embarazada.

Pasan dieciocho años con toda normalidad, y la presenta en un baile a toda la sociedad.

Presentar a la Princesa es mostrar un diamante; todos quedan asombrados, su belleza es deslumbrante.

No parece una princesa, sino el más dulce clavel; todos se acercan a ella como moscas a la miel.

Esta bella joven reina hasta a mí me está gustando. Pasaré a otro capítulo y lo seguiré contando.


El Catálogo de Novias

 El Catálogo de Novias

Hijo en edad de casarse, lo que le falta es salero. La madre le busca novia, no quiere en casa un soltero.

Eran cosas de los pueblos, no se ven en las ciudades; le presenta candidatas con distintas cualidades.

—Siéntate, hijo, y escucha las novias que te he buscado; dime la que más te gusta o la que es de tu agrado.

Está María, hija única, que está a tu misma altura, sabe leer y escribir, tiene gracia y tiene cultura.

Mauricia, que cose bien, sabe zurcir calcetines; es una chica apañada de gustos muy afines.

La Paca es muy salerosa, luce, seda o un pingajo; sabe hacer de todo un poco, hasta la sopa de ajo.

Antonina es muy simpática, lo hace todo deprisa; es una joven devota, no se pierde nunca misa.

Juliana baila con arte, le gusta mucho la jarana; siempre está de buen humor de la noche a la mañana.

Dominga sabe de campo y cuida los animales; no conoce los catarros ni padece de otros males.

Todas ellas están bien, son sanas y muy honradas; nunca tuvieron un novio, ni han sido manoseadas.

—Esas cosas no me importan, la que me tienes que hallar es una de tetas grandes, ¡y que se quiera casar!


La Mirilla y la Zanahoria

 La Mirilla y la Zanahoria

Eran tiempos antiguos, ya pasados de moda, donde todo se estrenaba en la noche de la boda.

La novia, una pardilla, estaba muy asustada; nada sabía del asunto al estar mal informada.

Por eso le dice al novio: —Me tengo que preparar, entra cuando te avise, que me voy a desnudar.

Cuando ya está desnuda, le viene a la memoria: no sabe las dimensiones que tiene la "zanahoria".

Echa la llave a la puerta, la cual tiene una mirilla; es un simple agujero que le viene de maravilla.

Al querer entrar el novio, ella le dice con miedo: —Para saber cómo es, ¡enchúfala en el agujero!

El novio la metió floja, ella la empezó a tocar; aquello engordó tanto, que no la pudo sacar.

La mujer, al ver aquello, no se lo puede creer, escapó por la ventana desnuda a todo correr.

Él quedó toda la noche atrapado en la mirilla; aunque estuviera pillado, ¡la pasó de maravilla!

La novia se arrepintió, él le otorgó el perdón, y ahora se acuesta siempre... ¡Sin bragas ni camisón!

El Regreso del Difunto

 El Regreso del Difunto

Murió hace ya cien años, se fue estando muy cuerdo. Se toma unas vacaciones; quiere ver cómo está el pueblo.

La ruina que allí encuentra no es por casualidad. El pueblo está abandonado: se fueron a la ciudad.

Hacia allí se traslada, quiere ver la realidad. Debe de ser fantástico el vivir en la ciudad.

Se encuentra con atascos cuando la gente va al curro. Él nunca tuvo un atasco cuando viajaba en burro.

Asistió al Parlamento para ver una sesión. Eso era una jaula de grillos, todos armando follón.

En una manifestación no entendió lo que pasaba: la gente se volvía loca y todo lo destrozaba.

Fue a un partido de fútbol, pero no entendió nada. La gente se enfurecía con los que daban patadas.

Contempló a la juventud en los fines de semana: se marchaban a la cama a las seis de la mañana.

La gente corre que corre, aquello es un hormiguero. No entiende en qué compiten para llegar el primero.

Se montó en el metro y salió medio asfixiado. Le pisaron la cabeza, casi lo dejan planchado.

Allí las malas noticias vuelan de forma exagerada. Él era feliz en el campo sin enterarse de nada.

La conclusión que saca es que el mundo está loco; que para vivir feliz se necesita muy poco.

Se volvió al cementerio, a su tumba húmeda y fría. Allí descansa feliz, sin añorar esta vida.

Propuesta de Mejora

 


Propuesta de Mejora

Dos amigas comentando sus historias de casadas, una por Dios bendecida, la otra, por mil desgracias.

Una, marido de santo; la otra, marido demonio. Viudas están las dos hoy, tras aquel fiel matrimonio.

Una lo recuerda en llanto, la otra ríe sin medida; mientras una busca luto, la otra baila a la vida.

—Yo disfruté con el mío, en todo me complacía. Me daba amor por la noche y caricias todo el día.

Desde que él se marchó, se apagó mi corazón. Con él se me fue la vida, se me acabó la pasión.

No habrá otro como él, pues siempre le fui fiel. Solo espero que la muerte me reúna con su piel.

—¡El mío era como un cardo! ¡Nada, nada cariñoso! No me hacía sentir placer y era un hombre de lo más soso.

Me puso siempre los cuernos, cientos y miles de veces. Cuando supe del asunto... ¡Se los pagué con creces!

Ahora que ya está muerto, no lo quiero ni nombrar. Soy una mujer libre y lo pienso disfrutar.

Una añora la muerte, la otra busca diversión. Siendo vidas tan distintas... ¿A cuál darás la razón?

Propuesta de Mejora

 

Propuesta de Mejora

Un día de primavera, en una noche estrellada, creí ver a una belleza en una silla sentada.

Me fui a la cama pensando: "¿Quién será esa belleza?". No pude dormir por ella, la tenía en la cabeza.

Al día siguiente pasé por ver si la conocía; esa noche no estaba, hacía frío y llovía.

Así pasó una semana de mucho frío y de viento, y yo sin poder dormir con extraños pensamientos.

Reapareció una noche, estaba al cielo mirando, las manos entrelazadas... ¡Parecía estar rezando!

Mi vista se nubló toda al contemplar su belleza; no podía ni mirarla, me dolía la cabeza.

Era casi una obsesión, yo quería conocerla; pedí por fin a los suyos que me dejaran verla.

Amablemente, accedieron a tan extraña petición: ella estaba allí sentada, esta vez en el salón.

—Aquí tiene a un admirador... —Es la abuela Prudencia; está hoy con nosotros por cerrar la residencia.

Me fui corriendo a la óptica para ponerme en la lista: ¡necesitaba unas gafas y graduarme bien la vista!

Justicia de Sotana y Castillo


Justicia de Sotana y Castillo

Se lo dedico a mi madre y también a mi abuela, que por culpa de aquel cura les quedó una gran secuela.

Se habla mucho de los curas y de abusos sexuales, pero hubo otras injusticias aunque no fueran iguales.

En Puebla de Sanabria mi madre me comentaba: «Dentro de aquel castillo, por un cura, estuve encerrada».

¿El delito cometido? Algo que es una locura: segar un cesto de hierba en el prado de aquel cura.

Era para su burrito, se equivocó de sembrado; la segó en el de la iglesia, que estaba justo allí al lado.

Cuando el cura se dio cuenta de que su hierba fue segada, pidió a la Guardia Civil que fuese ella castigada.

Tenía solo diez años, eso nunca lo olvidó; fue la noche más amarga que en su vida ella pasó.

Al ser ella tan pequeña su inocencia ya no cuela: la justicia, por el «crimen», incluyó también a mi abuela.

En un calabozo oscuro, un lugar muy deprimente, las tuvieron encerradas como al peor delincuente.

Apoyado en el sistema cometió atrocidades: se burló de dos mujeres con muchas necesidades.

El cura no comía hierba, eso sería un disparate; cuando alguien le invitaba, pedía pan y chocolate.

Por suerte todo ha cambiado, sin burros para comerla; con menos poder los curas, hoy... que les sobre la hierba.


Sexo con "Cascabeles"


 La historia es verdadera: una vieja prostituta, estando ya retirada, me contó sus aventuras de una vida ajetreada.

Siendo joven fue criada, se enredó con el señor; desde entonces su destino fue de mal a mucho peor.

Fue un capricho del rico, de los tantos que tenía; cuando él se cansó de ella, fue al punto despedida.

Se casó sin amor alguno, buscando una solución; persistió su mala suerte: su marido era un cabrón.

Él no le daba dinero, ni para el pan del hogar; hacía las veces de chulo y ella lo fue a buscar.

No lograba quedar encinta, le sobraba algún vicio; no le quedó más remedio que entregarse al oficio.

Abandonó a aquel marido y se marchó de Madrid; recaló allá en Tetuán, donde al fin se hizo feliz.

Sus clientes, legionarios, hombres fuertes y aguerridos; ella siempre presumía: "¡Todos fueron mis maridos!".

Al morir aquel esposo, encontró por fin la vía de regresar a Madrid y seguir su "artesanía".

Cascabeles en las ligas para avisar al cliente que ya estaba el campo libre y que pasara el siguiente.

Ya vieja y sin un dinero, casi nadie la escuchaba; yo seguía siendo su amigo, su historia me interesaba.

Tuvo un final de tristeza, murió sola y despreciada; sin familia y sin afectos, murió muy abandonada.

Yo era entonces muy joven, ella pudo ser mi abuela; con todo lo que contó, bien se escribe una novela.


La guerra del mando

 

La guerra del mando

Dos abuelos en el sofá, un duelo de alta tensión. No se ponen de acuerdo... ¡Estalla la discusión!

—¡No me pongas cotilleos!, que me tienen ya quemado. ¡Si hasta el perro está del "Hola" y del "Lecturas" harto!

Se sientan de tertulianos y no saben ni hablar; parece un patio de monos a punto de merendar.

Desentierran a los muertos y les sacan los pecados, ¡aunque lleven en el hoyo ya más de un siglo enterrados!

¿Y eso de las "Tentaciones"? ¡Vaya sarta de embusteros! Siguen todos un guion... ¡Y se creen que somos lerdos!

Esos programas que ves, son chorradas de primera; te están dejando la mente como una vieja cafetera.

—¡Tú te callas, "enterado"!, con tanta noticia y diario, que te pones de un humor que no hay quien te aguante el radio.

Te has vuelto un cascarrabias, un gruñón de bofetada, creyendo a los que prometen... ¡Y luego no te dan nada!

De tanto fútbol que tragas tienes la neurona hueca. ¡Si te mueven la cabeza te suena como una terca!

—Tanto anuncio y tanta "toña" no lo puedo digerir. Me largo con mi libreta, ¡al menos podré escribir!

Es una edad delicada, que requiere mucha unión... ¡Pero aquí no hay quien se quiera viendo la televisión!


La indecisión del baile

 

La indecisión del baile

Allá por los sesenta, era difícil ligar. Cuatro jóvenes pidieron que las llevara a bailar.

Una extraña petición, no me lo podía creer: ¡tener tanto material donde poder escoger!

A tres dejaría libres, con una me bastaría. Las miraba y remiraba, pero no me decidía.

Juana estaba muy gordita, eso hizo descartarla. Quizás me costara mucho el poder rodearla.

María era muy finita, de curvas ella carecía. Como no quería rectas, también la descartaría.

La Antonia era tan bajita que me podría pasar: para tenerla a mi altura, me tendría que agachar.

Y la Pilar era alta; al estar yo a su lado y mirar hacia arriba, me sentí acomplejado.

Entramos, pues, al baile sin decidir por ninguna, y al poquito me quedé más solito que la una.

Aquello bien me enseñó que tanto pensar atonta: hay que elegir al momento, sea fea, guapa o tonta.

Así terminó la historia de aquel joven tan "exquisito", que por mirar los defectos se quedó solo y frito. ¡Moraleja: si te invitan, di que sí... y rapidito!


Es 

sábado, 17 de enero de 2026

La viuda liberada

 

La viuda liberada

La María está que trina, con el ánimo decaído. Le están dando el tostón por la muerte del marido.

Disimula su alegría, no le queda otro remedio; muestra cara de tristeza camino del cementerio.

Le van dando el pésame y ella se va preguntando: «Vaya coñazo de gente, ya se podían ir largando».

Repiten todos el rito de lo bueno que él ha sido, y la suerte que tuvo ella de que fuera su marido.

Todos siguen el guion, ninguno recapacita: una cosa es convivir y otra, verlo de visita.

La verdad, era un tirano, un celoso, un egoísta; lo que hoy todos critican como un hombre machista.

No la dejaba pintarse ni ir a la peluquería; decía que no hacía bien el amor... ni la comida.

Ahora que ya se ve libre no piensa en el casorio; espera a un viudo joven que la trate como un novio.

Esto de quedarse viuda es de esas ocasiones para unirse con otro viudo... ¡y juntar las pensiones!

Ya se marchó el carcelero, ya se acabó la agonía; ¡que ahora el muerto va al hoyo y al bolsillo la alegría!

Memoria de un baño

 

Memoria de un baño 

Eso de bañarse desnudo, que ahora mola un montón, yo lo practiqué en mi pueblo y no causaba sensación.

No tenía calzoncillos, mucho menos bañador; la verdad es que en pelotas se nada mucho mejor.

No utilizaba el jabón, ni esos geles de baño: un puñado de hierbajos me hacía siempre el apaño.

Restregaba con esmero, por detrás y por delante; eso me dejaba nuevo, servía de exfoliante.

Eso de los rayos uva era entonces un cuento chino: mejor cambiar de color con unos vasos de vino.

Para dejar limpio el cuerpo, un manojo de follaje; mezclado con las hormigas, ¡menudo paso al masaje!

Era una cosa normal, antes de tirarme al río, untar el cuerpo con barro: se sentía menos frío.

Yo me lanzaba a la orilla, no sentía la pereza; me sentía muy feliz en plena naturaleza.

Uno cambia con los años: si ahora me acerco al río, solo con meter el pie... se queda el pito encogido.

¡Qué tiempos aquellos, madre! ¡Qué libertad la del río! Hoy me sobran los prejuicios y me mata tanto frío.


Guía para la Tercera Edad-


Guía para la Tercera Edad.

Esta es la guía ideal para la tercera edad: pasar las fiestas con calma, en paz y felicidad.

No comas nada de dulce ni el alcohol vayas a catar, que el juicio se pierde pronto y no te sabrás controlar.

Al levantarte de la mesa puedes dar un mal traspié, romperte pronto la cadera y acabar del revés.

Mejor evita el marisco y toda clase de pescado, que con lo que tiran al mar podría estar contaminado.

Si ves la mesa bien llena, evita las tentaciones; bebe dos vasos de agua y ayuda a tus riñones.

Pillarte un buen empacho es cosa de muy valientes; si no comes esos días, tienes para el mes siguiente.

Son fiestas entrañables para hacer buenas obras; disfruta cuando terminen... ¡Comiéndote las sobras!

Quizá no hagas ni caso ni cumplas estas normas; si tu cuerpo lo aguanta, es que estás en buena forma.

Más lo importante de todo, más que el agua o el pescado, es disfrutar de los hijos y de los nietos al lado.

RECUERDOS DE INFANCIA Y MAGIA


 RECUERDOS DE INFANCIA Y MAGIA

En los tiempos de mi infancia había mucha creencia, en brujas y curanderos más que en médicos y ciencia.

La madrina de mi madre curaba todos los males, lo mismo fuera a personas que a pobres animales.

Casi parte de la casa, a mí me quería mucho; era médico de guardia si me ponía "pachucho".

Una vez pillé un catarro de esos de campeonato; con miel, manteca y con vino me lo curó en un rato.

Echaba "males de ojo" y deshacía entuertos, decían que hasta era capaz de resucitar a los muertos.

Ponía velas al Cristo, espantaba al demonio, y si una oveja se perdía rezaba a San Antonio.

Si al casarse alguna moza iba un poco "alocada", por una ristra de chorizos ella todo lo arreglaba.

Esa singular mujer ni era bruja, ni era nada... estaba como una cabra, ¡pero un poco más chalada!

En los tiempos actuales ya no existen esas brujas: hoy han sido reemplazadas por cotillas y marujas.

Murió la vieja creencia, la ciencia ganó la partida, pero qué falta nos hace algo de magia en la vida.



Estamos en un Atolladero

 

El Atolladero

Esto es un atolladero, no acabamos de salir. Solo llegan malas noticias que no nos dejan vivir.

Unos días con pandemia, otros días con la guerra. Siempre con malas noticias, ¡esta vida es una perra!

Unos días sube el gas, otros días la corriente. No vamos hacia adelante, nos engañan vilmente.

Dicen que esto es "puntual", pero, por lo que se ve, nos toman por idiotas y nos mienten otra vez.

Que la culpa es de los otros, que esto viene de herencia... Estamos hasta el gorro y perdemos la paciencia.

Para rematar la faena, nos suben la gasolina. Iremos todos andando y ellos en limusina.

Que aprietes el cinturón y que midas el consumo... con una pensión pequeña, solo puedes comprar humo.

Solo queda confiar en la divina providencia, apretar el cinturón y armarse de paciencia.

¿Eso de la providencia? Es cosa muy alejada. Será al estirar la pata, cuando ya no quieras nada.

Así pasan nuestros días, entre aprietos y facturas, pagando siempre los mismos tanta mentira y locura.

Aventuras en la selva nocturna

 

Aventuras en la selva nocturna

De taxista por la noche, eso era una locura. Como ir a la selva: cada noche, una aventura.

Me paró una mujer, no parecía gran cosa. Noté ese sexto sentido; me pareció sospechosa.

Me señaló el destino. Casi a punto de llegar, dice: "No tengo dinero, en carne puedes cobrar".

Novato en ese oficio, no conocía el ambiente. No sabía cómo tratar con esa clase de gente.

La miré atentamente; ella me enseñó una teta. "Primero tomas el postre, después llegas a la meta".

—Mejor te bajas del taxi. Para mí es una experiencia; intentaré asimilarlo y no perder la paciencia.

Soltó una carcajada, dijo muy despacio: —Pasa al asiento de atrás, que tenemos más espacio.

Soy una mujer decente, deudas no quiero tener. Ven a mi lado, "cariño", sabrás lo que es el placer.

—No quiero perder el tiempo. Tú sigue con tu decencia. No me toques las narices, ni acabes con mi paciencia.

Mejor si te vas corriendo. Tu carne está vieja y dura; me pegarías tus gérmenes, no me la pondrías dura.

Menos mal que se marchó, dejó de darme la lata. Eso no era una mujer, más bien una garrapata.

Esta fue una experiencia de esas que no se olvidan. Allá en los años sesenta, de las muchas en mi vida.

Los Huevos del Marido

 

Los Huevos del Marido

Viuda desconsolada, nadie sabe qué le pasa. Se enteran de su desgracia: desvalijaron su casa.

La dejaron sin chorizo, despreciaron el tocino. Desapareció el jamón y cinco litros de vino.

—No lloro por esas cosas, lo que más me ha dolido es que se llevaran dos huevos que eran de mi marido.

Era su mejor legado, hasta brillo les sacaba. Los pasaba de mano en mano, a veces los apretaba.

Los quería más que a mi vida, estaban como nuevos. Era el más fiel recuerdo que tenía de sus huevos.

Eran los huevos de un santo, por eso yo los quería. Unas veces los sacaba, otras veces los metía.

Nunca los abandoné, ni siquiera en vacaciones. Al tenerlos a mi lado, evitaba tentaciones.

Esos huevos los usaba por la noche y por el día. Al sentirlos en mis manos, rebosaba de alegría.

Eran una obra de arte, finos, lisos y pulidos. Nunca podré olvidar los huevos de mi marido.

Esos huevos de madera valen para muchos fines: coger puntos a las medias y zurcir los calcetines.

Así termina esta historia, de la viuda y su desvelo. ¡Que por dos huevos de palo, casi se nos va al' cielo!

Recuerdos de Madrid

 

Recuerdos de Madrid

María vino a Madrid toda llena de ilusiones. Al mes regresó al pueblo, estaba hasta los melones.

Una amiga le comenta: —Te veo hasta más delgada. Tienes como más ojeras, andas como cabreada.

—Tengo en el cuerpo señales de esa pequeña aventura. Recuerdos inolvidables, una cosa de locura.

Me sobaron de lo lindo, me apretaron sin parar. Yo miraba hacia el techo, no paraba de sudar.

Entré fría y sonriente, a veces hasta cantando. Al llegar hasta el final, sudando y coreando.

A veces sentía mareos, no podía respirar. Perdía la noción del tiempo, me tenía que agarrar.

Unas veces eran blandas, otras veces eran duras. No sabía cómo ponerme y cambiaba de posturas.

—Para mí lo que cuentas no es nada deprimente. Solo de pensar en ello, me estoy poniendo caliente.

—Narro la pura verdad, todo esto se junta... ¡Si viajas en el metro, cuando llega la hora punta!

Así que no te confundas, que no ha sido un "revolcón". Es la vida del que viaja estrujado en el vagón.


Todo sube... ¡menos lo importante

 


Todo sube... ¡Menos lo importante!

Todo sube que te sube, y no para de subir. Escuchando a dos señoras, esto es lo que pude oír:

—Me está creciendo la tripa, la tengo bastante hinchada. Me mantengo solo del aire y no estoy embarazada.

Pensaba suicidarme, no puedo resistir más; pero no puedo llevarlo a cabo por la subida del gas.

Es como una pesadilla, esto no hay quien lo aguante. Hago los viajes a pie por el puto carburante.

Al subir tanto el aceite, cuando tengo que guisar, pongo solo una gota para poderlo catar.

Me olvidé de la carne, ya no puedo comprarla. Tendré que conformarme si una vez puedo chuparla.

Subieron los pepinos, se encareció el tomate. Pensar en la ensalada es un puro disparate.

Frigorífico parado, alcoba bien apagada... Mi marido no distingue y hace el amor a la almohada.

—Eso de que todo sube, para mí es tontería. En unas cosas será verdad, en otras, pura mentira.

Al tocársela al marido, al momento comprobé: la tenía cincuenta puntos por debajo del IPC.


Moraleja: Aunque la cesta de la compra nos cause gran decepción, lo peor es que en la cama... ¡También haya deflación!

El Secreto de la Cigüeña


 

El Secreto de la Cigüeña

—Una amiga le comenta: «Te veo guapa y risueña. Te está creciendo la tripa, ¿quizás viene la cigüeña?».

—Tienes toda la razón, diez años llevo esperando. Todos los días escribiendo, al final está llegando.

—Seguro que tu marido está la mar de contento. El fruto de su trabajo durante todo este tiempo.

—Ahora está tan contento que no cabe en sí de gozo. Estaba desesperado, quería tirarse a un pozo.

Eso de la cigüeña es de época pasada. Cuentos de las abuelas que ya no valen para nada.

Que venían de París... otra pura tontería. No la cree nadie ya, era pura fantasía.

—Me tienes muy intrigada, llena de curiosidad. ¿Dime cómo lo hiciste? Ya no puedo aguantar más.

—El método es muy barato, atractivo y muy sencillo. Olvidé esas historias... ¡Y cambié de pajarillo!

Moraleja: No te empeñes con porfía en lo que no tiene apaño; renovar la «maquinaria» nunca suele hacer daño.

Sopa de Noticias

 

Sopa de Noticias

No pasa un solo día sin salir un notición que nos deje cabreados y nos suba la tensión.

Escuchar las noticias cada día es deprimente; hace temblar al cobarde, acojona al valiente.

Se atraganta la comida, hacen llorar en la cena; el mundo está revuelto, sin una noticia buena.

El COVID no se termina, no saben cuándo ni cómo; no lo hemos superado y nos llega lo del mono.

Que no gastemos luz, hay que suprimir el gas; si no joden por delante, te la meten por detrás.

Que la Tierra se calienta, que hará más calor que frío; que sigamos consumiendo... nos hacen la picha un lío.

Pelearse por un Mar Negro es algo muy deprimente; es ser cabrones con ganas de hacer sufrir a la gente.

La guerra pocos la entienden y no soluciona nada; esto que estamos viviendo es una "Putin-putada".

Así que apaga la tele, no escuches más el sermón, que para vivir tranquilo hace falta un buen colchón.

El Charlatán de las Pulgas

 

El Charlatán de las Pulgas

Época de los cuarenta, daban tortas más que panes. Media gente analfabeta, proliferan charlatanes.

Vida mucho más tranquila, sin reloj ni tanta prisa. Ponían sus tenderetes a la salida de misa.

Pueblos llenos de pulgas, uno de los muchos males. Convivían las personas rodeadas de animales.

El charlatán pregonaba: «¡Tengo polvos especiales! Eliminando las pulgas, se acabarán vuestros males.

Son unos polvos mágicos, le informo lo primero; que no traen instrucciones al venir del extranjero.

Al terminar el lote, le indicaré cómo usarlos. Valen para otros bichitos, que también pueden matarlos.

Al hombre no le hacen daño, la mujer los puede usar. Los meten en una media, después, a espolvorear.

Las pulgas saltan y saltan, y no paran de saltar. Esos polvos las atontan y se pueden atrapar.

Pides el yunque al herrero y la maza más pesada. Le das un mazazo fuerte, la dejas espachurrada.

Es un método infalible, muy fácil de hacer: dándole en la cabeza, esa no vuelve a morder».

El sistema fracasó, la gente perdió la guerra; una lucha desigual, el método era una mierda.

Moraleja de esta historia: no te fíes del que vende, que si el remedio es un mazo, el que es tonto no lo entiende.



Mi Novia de Acero.

 

Los recuerdos de la mili me vienen a la memoria. El capitán me decía: «El fusil será tu novia».

No entendía nada de esas afirmaciones. No tenía culo ni tetas, no veía comparaciones.

«Olvida la del pueblo, aunque sea una monada. En caso de ir a la guerra, esa no sirve de nada.

Esta es la mejor novia con la que puedes soñar. Si el enemigo te ataca, ella te puede salvar».

Dormirás con ella, llegarás hasta amarla. Tiene que estar en forma para así poder usarla.

Enamorarse del fusil es como creer un mito. Elevaba la moral, hacía bajar el pito.

Por lo bajini pensaba: «Este es un loco cabrón. Seguro que está casado con una mujer cañón».

Él dormía caliente; en las guardias que yo hacía no calentaba esa novia, era demasiado fría.

Esas cosas las recuerdo con nostalgia y alegría. Era un joven soñador, estaba lleno de vida.

Hubo muchas enseñanzas que eran pura tontería. También algo aprendí de lo dura que es la vida.

Hoy con el tiempo pasado. Poco me acuerdo de ella. No le cogí cariño. Tampoco fue mi doncella.

Energía de Retaguardia

 

Energía de Retaguardia

Sube mucho el gas, nos estamos quejando. No miramos para atrás: lo estamos desperdiciando.

No depender de Rusia ni de otro país con gas, si aprovechamos el nuestro, que nos sale por detrás.

Una bolsa con ventosa, con cierre automatizado, nos recogería el gas al ser este expulsado.

Fomentar comer legumbre, con verdura incorporada; tiraríamos más pedos, la crisis solucionada.

No depender de centrales ni otras fuentes de energía; nosotros lo producimos por la noche y por el día.

Es energía gratuita, renovable y natural. No contamina la atmósfera y el ahorro es abismal.

Lo estamos desperdiciando, no buscamos soluciones. Esto es mucho más barato, evita exportaciones.

La fábrica la tenemos, tenemos las tuberías. Sabemos lo que nos falla: descubrir las recogidas.

Si conseguimos esto, todo irá de mil amores. Solo queda envasarlo y separar los olores.

Con esto nos bastaría, bajaría la gasolina. Comeríamos mejor al usar más la cocina.

Si no llega con el nuestro, en subidas puntuales, contaríamos con las vacas y con otros animales.

Los políticos de turno, con esta simple opción, asegurarían el voto en la próxima elección.

"Es energía gratuita, renovable y natural. No contamina el ambiente y el ahorro es ¡Abismal!



Choque generacional

 

Choque generacional

Asistí a un festival, con canciones rapeando. Me atronaron los oídos, casi terminé llorando.

Quise comprender la letra, me empezó a doler la olla. Entendí frases sueltas, como "tonto" y "gilipollas".

Rapeaban unas chicas, debían de estar sin trabajo. Que todo les daba igual, estar encima o debajo.

Una cosa me extrañó: verlas tan desesperadas. Decían estar más alegres cuando estaban colocadas.

Las canciones tenían de todo: de maría y otras sustancias, de pollas y chupetones, y otras muchas "elegancias".

Mucho de "hijos de puta", de chorizos y ladrones. De unos polvos mágicos, y no sé de qué cojones.

Palabros que en otros tiempos eran como guarradas, ahora son aplaudidos y con furor coreadas.

Si ya no me coloco mirando tías cachondas, se ve que no estoy al loro: ya no cojo ni las ondas.

Mucho ruido, muchas luces encima del escenario. Difícil de asimilar, al ser yo octogenario.

Me vuelvo para mi casa, que allí se está más tranquilo. Prefiero mis viejos discos, que tienen mucho más estilo.

La aparición del río

 

La aparición del río

Era un pueblo tranquilo, nunca pasaba nada. A pesar de tener río, la gente no se bañaba.

Era esa época antigua en la que existía el pudor. Desnudos sentían vergüenza y no tenían bañador.

Nada dura eternamente, todo cambia en esta vida. Se armó una revolución al llegar una atrevida.

Prudencio cogió la burra, no puso ni un aparejo. La guiaba con los pies, montó a pleno pellejo.

La burra sabía el camino, lo tenía muy andado. Solo ver el azadón, se encaminó hacia el prado.

Al pasar cerca del río, creyó estar viendo visiones, Le flojearon las piernas, se hincharon los pantalones.

Tumbada en una toalla, había una chica desnuda. Era una desconocida, y estaba cojonuda.

Con el chichi a medio pelo, con un buen par de tetas. Pensó en una extraterrestre, que venía de otro planeta.

No pudo apartar la vista, estaba hipnotizado. Se olvidó de la burra. Eso lo pagó muy caro.

Una puñetera piedra, justo en medio del camino. Tropezó en ella la burra, lo lanzó contra un espino.

Jurando se levantó, apretándose los puños. Estaba como un Cristo, todo lleno de rasguños.

Su mujer se asustó, al verle en ese estado. Hizo la señal de la cruz, ¿Con quién te has peleado?

La burra es la culpable Porque tuvo un tropezón. Mejor vamos a la cama y me bajas la hinchazón.

No se sabe si hubo cura para aquel gran sofocón, pero hoy evita el río por miedo a otro tropezón.



El Hormiguero Fantastico.

 El Hormiguero

Tenía una mujer que era bastante sosa. Él hacía por cambiarla, pero no funcionaba la cosa.

La besaba en la boca, muy apasionadamente. Era besar a una estatua: se mostraba indiferente.

Con solo dar un besito, él se ponía emocionado. Ella giraba el cuerpo, mirando para otro lado.

Era una estatua de bronce si le tocaba una teta. No se ponía caliente, ni arrimando cebolleta.

Sigue de ella enamorado, no piensa en separación. Lo primero que hace es un cambio de colchón.

Fuera duro o fuera blando, ella siempre respondía: —Hoy me duele la cabeza, lo haré mejor otro día.

Pasan días, pasan meses, lo mismo siempre a diario. Una noche por el campo, ocurre algo extraordinario.

Quizás fuera por la brisa o por el cambio de ambiente. Ella le da medio beso, él la encuentra diferente.

No piensa desperdiciar otra ocasión como esa. Rápido la lanza al suelo, como el león a la presa.

Al empezar la faena, y sin dar explicaciones, ella empezó a moverse a seis mil revoluciones.

Al terminar, ¡le pregunta el motivo de ese cambio!: —¡Casi me dejas capado y sin palanca de cambio!

—Te está bien empleado, otra vez mira primero. ¡No se te ocurra tumbarme encima de un hormiguero!

Desde aquel día el marido, cuando la nota dormida, busca siempre un hormiguero ¡para' darle un poco de vida!