Recuerdos de Madrid
María vino a Madrid toda llena de ilusiones. Al mes regresó al pueblo, estaba hasta los melones.
Una amiga le comenta: —Te veo hasta más delgada. Tienes como más ojeras, andas como cabreada.
—Tengo en el cuerpo señales de esa pequeña aventura. Recuerdos inolvidables, una cosa de locura.
Me sobaron de lo lindo, me apretaron sin parar. Yo miraba hacia el techo, no paraba de sudar.
Entré fría y sonriente, a veces hasta cantando. Al llegar hasta el final, sudando y coreando.
A veces sentía mareos, no podía respirar. Perdía la noción del tiempo, me tenía que agarrar.
Unas veces eran blandas, otras veces eran duras. No sabía cómo ponerme y cambiaba de posturas.
—Para mí lo que cuentas no es nada deprimente. Solo de pensar en ello, me estoy poniendo caliente.
—Narro la pura verdad, todo esto se junta... ¡Si viajas en el metro, cuando llega la hora punta!
Así que no te confundas, que no ha sido un "revolcón". Es la vida del que viaja estrujado en el vagón.

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