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sábado, 17 de enero de 2026

Los Huevos del Marido

 

Los Huevos del Marido

Viuda desconsolada, nadie sabe qué le pasa. Se enteran de su desgracia: desvalijaron su casa.

La dejaron sin chorizo, despreciaron el tocino. Desapareció el jamón y cinco litros de vino.

—No lloro por esas cosas, lo que más me ha dolido es que se llevaran dos huevos que eran de mi marido.

Era su mejor legado, hasta brillo les sacaba. Los pasaba de mano en mano, a veces los apretaba.

Los quería más que a mi vida, estaban como nuevos. Era el más fiel recuerdo que tenía de sus huevos.

Eran los huevos de un santo, por eso yo los quería. Unas veces los sacaba, otras veces los metía.

Nunca los abandoné, ni siquiera en vacaciones. Al tenerlos a mi lado, evitaba tentaciones.

Esos huevos los usaba por la noche y por el día. Al sentirlos en mis manos, rebosaba de alegría.

Eran una obra de arte, finos, lisos y pulidos. Nunca podré olvidar los huevos de mi marido.

Esos huevos de madera valen para muchos fines: coger puntos a las medias y zurcir los calcetines.

Así termina esta historia, de la viuda y su desvelo. ¡Que por dos huevos de palo, casi se nos va al' cielo!

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