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sábado, 17 de enero de 2026

Aventuras en la selva nocturna

 

Aventuras en la selva nocturna

De taxista por la noche, eso era una locura. Como ir a la selva: cada noche, una aventura.

Me paró una mujer, no parecía gran cosa. Noté ese sexto sentido; me pareció sospechosa.

Me señaló el destino. Casi a punto de llegar, dice: "No tengo dinero, en carne puedes cobrar".

Novato en ese oficio, no conocía el ambiente. No sabía cómo tratar con esa clase de gente.

La miré atentamente; ella me enseñó una teta. "Primero tomas el postre, después llegas a la meta".

—Mejor te bajas del taxi. Para mí es una experiencia; intentaré asimilarlo y no perder la paciencia.

Soltó una carcajada, dijo muy despacio: —Pasa al asiento de atrás, que tenemos más espacio.

Soy una mujer decente, deudas no quiero tener. Ven a mi lado, "cariño", sabrás lo que es el placer.

—No quiero perder el tiempo. Tú sigue con tu decencia. No me toques las narices, ni acabes con mi paciencia.

Mejor si te vas corriendo. Tu carne está vieja y dura; me pegarías tus gérmenes, no me la pondrías dura.

Menos mal que se marchó, dejó de darme la lata. Eso no era una mujer, más bien una garrapata.

Esta fue una experiencia de esas que no se olvidan. Allá en los años sesenta, de las muchas en mi vida.

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