El Charlatán de las Pulgas
Época de los cuarenta, daban tortas más que panes. Media gente analfabeta, proliferan charlatanes.
Vida mucho más tranquila, sin reloj ni tanta prisa. Ponían sus tenderetes a la salida de misa.
Pueblos llenos de pulgas, uno de los muchos males. Convivían las personas rodeadas de animales.
El charlatán pregonaba: «¡Tengo polvos especiales! Eliminando las pulgas, se acabarán vuestros males.
Son unos polvos mágicos, le informo lo primero; que no traen instrucciones al venir del extranjero.
Al terminar el lote, le indicaré cómo usarlos. Valen para otros bichitos, que también pueden matarlos.
Al hombre no le hacen daño, la mujer los puede usar. Los meten en una media, después, a espolvorear.
Las pulgas saltan y saltan, y no paran de saltar. Esos polvos las atontan y se pueden atrapar.
Pides el yunque al herrero y la maza más pesada. Le das un mazazo fuerte, la dejas espachurrada.
Es un método infalible, muy fácil de hacer: dándole en la cabeza, esa no vuelve a morder».
El sistema fracasó, la gente perdió la guerra; una lucha desigual, el método era una mierda.
Moraleja de esta historia: no te fíes del que vende, que si el remedio es un mazo, el que es tonto no lo entiende.

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