Levantándose temprano, tras mil horas de labor, se encuentra desmejorado, perdiendo todo el vigor.
La cosa es para preocuparse, se siente ya muy pachucho; pide hacerse un chequeo: "así no aguanto yo mucho".
Sus sospechas se confirman, sin margen, para la duda; el médico le sentencia: "la muerte ya le saluda".
Con el diagnóstico en mano, sabiendo lo que va a durar, le dice a su mujer: "las tengo que aprovechar".
—Lo que tú quieras, cariño, ¡qué noticia tan horrible! Haremos el amor a tope, lo más que nos sea posible.
—Es tu última voluntad, será atroche y moche; aprovechemos el domingo: mañana, tarde y la noche.
Todo el domingo de fiesta, sin comer ni descansar; la mujer está agotada, el lunes debe trabajar.
Tras varios viajes seguidos, a las cinco de la mañana, la vuelve a despertar diciendo que tiene gana.
—¡Marido, ya está bien! ¡Déjame ya descansar! Tú te estás aprovechando... ¡Porque no te has de levantar!
Viendo tu gran energía y este ímpetu tan fiero, me da que el de la consulta no es médico... ¡Es un embustero!

No hay comentarios:
Publicar un comentario