Me acabo de enterar de que soy un tonto del bolo, y todo debe ser por comer el pan tan solo.
No quedé tonto del todo, pues a veces lo mojaba; con un chorrito de agua el pan se me ablandaba.
Si pillaba algo de vino, mojarlo era una fiesta; me ponía muy alegre y dormía una buena siesta.
Con un poco de tocino a veces yo lo untaba, otro método sencillo que el hambre me calmaba.
No hablo del pan de trigo, yo comía el de centeno; cuando se tiene hambre, cualquier pan está muy bueno.
Me vienen a la memoria todos mis antepasados, ¿sería por comer pan el estar tan atrasados?
Pido hoy a la Academia que elimine ese refrán, ese que dice que es tonto quien se alimenta de pan.
Yo valoro mucho el pan, que a veces ni lo tenía; aunque me quedara tonto... ¡Seguro lo comería!
Hoy bendigo yo ese pan, el que a mis padres crio, que si tonto me ha dejado, el corazón me llenó.

No hay comentarios:
Publicar un comentario