Retazos de Aldea
A esa familia asquerosa, ni la ayudes, ni le hables, ni te acerques a sus hijos, que son igual que los padres.
Eso pasaba en mi aldea, sin saber por qué ocurría; nunca le hablé a aquella chica, aunque yo la quería.
Encontré un lazo suyo, le di vueltas sin razón; al ir a devolvérselo, ¡ella me llamó ladrón!
Tan grave fue la deshonra, que no la pude pasar; la busqué cuando iba sola para poderla zurrar.
U A n día lo conseguí, ella terminó llorando; pidió perdón entre lágrimas y terminé perdonando.
Nació así nuestra amistad, jugando siempre a luchar; ella se dejaba el triunfo y nos fuimos a besar.
Emigré joven del pueblo, había mil necesidades; se acabaron las peleas, odios, amor y amistades.
Hoy, que ya somos abuelos, la reté a una pelea; no la quiso aceptar, dice que está vieja y fea.
«Ganarías como antes, yo terminaría debajo; ¡mi marido y tu mujer nos mandarían al carajo!».
Más hoy guardo su secreto, pues ella ya se marchó; se llevó nuestras peleas y el alma me arrebató.

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