Cuarenta años de paciencia
Cuarenta años de casado, pobre hombre, ahí aguantando; su mujer es un desastre, sobre todo cocinando.
Se compra todas las revistas que traigan una receta, pero no sabe freír ni un trocito de panceta.
Sigue por televisión los programas de cocina, pero si hace una sopa... ¡le echa caldo de gallina!
Dice que el Arguiñano cocina de maravilla, pero lo único que aprendió fue a girar la tortilla.
Si copia las recetas, eso a ella le da igual: no calcula cantidades, falta aceite o sobra sal.
El hombre come de todo y lo hace sin protestar, hasta que un día la cena ya no la pudo aguantar.
Decidió guisar él mismo para que viera su mujer, que sin tantas tonterías ricas se puede comer.
Le salen platos de lujo, perfectos de condimento; y le dice a su señora con aire de lucimiento:
—"No mires tantas chorradas, mira qué bien lo hago yo". Y ella le suelta enseguida, con un tono de humor:
—"No seas tan presumido, que no eres el mejor... ¡Llevas años viendo porno y cada vez lo haces peor!".
Ya no hubo más reproches, ni recetas, ni sermón, que al final en esa casa... ¡No cocina bien ni Dios!

No hay comentarios:
Publicar un comentario