Las vacaciones del matrimonio no coinciden en el tiempo. Las de ella en verano, las de él son en invierno.
Ella le dice al marido: —Tú puedes ir a esquiar. El marido le contesta: —Tú puedes ir a nadar.
Son mejores las de verano, vas donde te da la gana. El año pasado a Mallorca, el próximo a la Habana.
Yo me las gané a pulso con mi tarea diaria. Estudiaba por las noches y ahora soy funcionaria.
Tú andabas de parranda, nunca te has preocupado, y trabajas en verano con aire acondicionado.
—No pienso quedarme solo tus próximas vacaciones. Me buscaré una tía que tenga buenos melones.
—No te molestes en buscarla, como me voy a la Habana, te traeré de regalo una preciosa cubana.
—Te doy mi palabra de honor, eres un amor de marido. Si yo prometo una cosa, cumplo con lo prometido.
Regresó sola y feliz, atrás dejó la Habana. El marido le pregunta: —¿Qué hay de la chica cubana?
—Me acordé de la promesa tomando una caipiriña. Me ligué allí a un cubano... ¡esperemos que sea niña!

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