Después de una operación, él estaba disgustado: le cortaron los testículos, lo habían dejado capado.
Su novia le dio de lado, también perdió el trabajo. Él, para olvidar el tema, quería volver al tajo.
Recorrió varias empresas que, al conocer su caso, decían: "ya llamaremos", pero le daban el paso.
Está muy sano y muy fuerte y necesita currar; le queda poco dinero, le urge ir a trabajar.
Su ánimo no decae ante las adversidades: encontrará aquel empleo que aprecie sus cualidades.
Por fin llegó aquel día, sin ningún impedimento: al leer su currículo lo fichan al momento.
—La jornada es de ocho horas, son los turnos normales; la tuya será de siete y todos seréis iguales.
—Trabajaré las ocho a pesar de estar capado. ¡Yo soy un tío normal, no un discapacitado!
—Esa hora te iguala a capataz y peones... ¡Que pasan media jornada tocándose los cojones!

No hay comentarios:
Publicar un comentario