Era el marido de Emilia, un tipo de mucho fuste, trabajador y honrado... ¡Un hombre de los de ajuste!
Pero en esta perra vida la alegría es un momento, y al pobre se le pusieron los huevos de aditamento.
Cumplía bien en el catre con la parienta gozosa, pero el bicho de la muerte le enfrió la "poderosa".
A la hora del cocido apartaba hasta el jamón, y lo mismo le pasaba debajo del edredón.
Viendo que aquello no izaba y que la cosa iba a menos, se infló a pastillas azules como si fueran caramelos.
La "herramienta" funcionaba tiesa como una estaca, pero de tanto darle al muelle le dio un viaje la "paca".
"Me voy al cielo, parienta, pero te mando un consuelo, una señal de mi parte que te quite hasta el duelo".
Fue la viuda al camposanto una tarde de tormenta, y vio que sobre la tumba algo gordo se presenta.
Brotaban como sarmientos unos falos de cuidado, que al mirarlos de cerquita... ¡Eran hongos sazonados!
—¡Ay, marido de mi alma, que hasta muerto das placer! Son semillas de tu nabo... ¡y me las voy a comer!—
Se pegó tal atracón de boletus y de "palos", que la viuda por la gracia... ¡Parió un hijo sin pecados!





































volvo.jpg)