Entra el hombre en la farmacia sin saber muy bien qué hacer, se olvidó del fiel encargo que le hiciera su mujer.
Se siente desorientado, nada le viene a la cabeza; no es igual que entrar al bar y pedir una cerveza.
La empleada se lo queda mirando, pues la chica es muy apuesta; él se acerca sonriente y una ayuda le solicita.
—"No recordar el encargo me está causando un estrés... Es algo que usan ustedes, creo que una vez al mes".
—"No se preocupe, señor, no me causa una sorpresa; seguro que ella le ha dicho: 'tráeme un pack de compresas'".
Se despejaron sus dudas, vio la luz como el sol; ella sacó las compresas y un frasco de Crista sol.
—""Solo quiero las compresas, lo otro no lo ha encargado; ella lo tiene muy limpio, ¡hasta se lo ha rasurado!".
—"No es para ella, señor, espero que no se asombre, que el líquido de cristales lo suele usar más el hombre".
"Esos días de la esposa
no suelen ser muy normales;
y el marido, por no aburrirse...
¡Se pone a limpiar cristales!

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