La mujer está aburrida, su jornada ha sido plena. Llega a casa medio frita y tiene que hacer la cena.
«Este ritmo no es vida, no lo puedo soportar. Cocinaremos por días, me tendrás que ayudar».
«Cariño, lo que tú mandes, es una idea muy buena. De ahora en adelante, nos turnaremos la cena».
Ella se echó una siesta y la piensa disfrutar; comerá lo que él le ponga a la hora de cenar.
Llega el momento esperado, toda llena de ilusiones... ¡Su marido está en pelotas tocándose los cojones!
Con una mano en un vaso, despanzurrado en la silla: «Cariño, siéntate encima, ¡que vas a cenar morcilla!».
«Eres un gran cocinero, no te complicas la vida. Rica está la "morcilla", deliciosa la bebida».
«Mañana me toca a mí, creo que vas a flipar: cenamos las sobras de hoy... ¡Y me lo vas a chupar!».

No hay comentarios:
Publicar un comentario