Abuelos hablando de sexo, y uno fantaseando, los otros están incrédulos de lo que están escuchando.
El fantasma va presumiendo de todas sus fantasías, que se lo hace a la abuela unas tres veces al día.
Uno antes de almorzar, para que esté despejada, y prepare el desayuno tras terminar la colada.
Otro, después de comer, ese mola un montón, pues resulta el mejor postre y ayuda a la digestión.
Cambiando siempre de bando, la del perrito primero, otra del kamasutra y termina el misionero.
Esa la deja echa polvo, pero le mola un montón; se va rendida a la cama y así duerme de un tirón.
—Deja de contar mentiras, vamos a tomar un vino; si tienes alguna más, la cuentas por el camino.
Esas posturas extrañas no las vuelvas a contar, que tu mujer tiene reuma y no se puede doblar.
Tienes la lengua muy larga, tu manguera está arrugada; vienes de salir del baño con la bragueta mojada.
No te creemos ni una, admítelo de una vez: seguro que la que usas es la postura del pez.
—Esa no la conozco, me tendréis que informar; la incluyo en el repertorio para poderla usar.
—En fantasmas como tú, siempre ha sido la empleada: ¡es la de pasarse el tiempo sin comerse una tostada!

No hay comentarios:
Publicar un comentario