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jueves, 15 de enero de 2026

El Luto Inespersdo.


Por andar de picos pardos, pescó una enfermedad; el pito cae a trozos, solo queda la mitad.

La parienta le recrimina, ya no duerme en su cama; con dolor de cabeza, del amor no tiene gana.

Él ama a su mujer, quiere seguir adelante. El médico le aconseja: —Lo mejor es un trasplante.

—Yo no quiero la de un viejo, que es el único donante. Un joven jamás la dona, no habrá quien lo trasplante.

—No te preocupes, cariño, déjame pensar en algo; quizá existan otros métodos que puedan solucionarlo.

—No pienses en siliconas ni medios artificiales; de esos ya tengo de sobra, solo admito naturales.

Al fin llegó el trasplante al decimoctavo día; se lo enseñó a su mujer y la dejó sorprendida.

—¡Eres un pedazo de cabrón, un verdadero demonio! No quiero saber de ti, aquí acaba el matrimonio.

Se marchó lejos de él, no quería ver su canuto; se vistió toda de negro, de riguroso luto.

Cuando una amiga la vio, quiso saber del entuerto: —¿Cómo es que vas de luto, si tu marido no ha muerto?

—No es por ese cabrón, que es un verdadero cerdo; el luto que estoy guardando... ¡Es por la pérdida del perro!

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