Con el tiempo tan revuelto la gente no sabe qué hacer: si será un día estupendo o si acaso va a llover.
Esas mismas inquietudes no preocupan a María; ella sabe cuándo llueve o será un hermoso día.
Con un sol muy despejado, sin visos de caer agua, María sale a la calle cargada con su paraguas.
Cae al poco un chaparrón y le dice una vecina: "—¿Cómo sabes cuándo llueve? ¿Eres acaso adivina?
El otro día te vi, con el cielo muy nublado, ibas tú sin el paraguas y al poco hubo despejado".
"—Antes de salir de casa, miro el pene a mi marido; a ver si lo tiene húmedo o si lo tiene dormido.
Si lo tiene muy húmedo, ya sé lo que tengo que hacer: salgo pronto con paraguas porque ese día va a llover.
Si lo tiene bien dormido y al tocarlo ni se mueve, puedo salir muy tranquila, pues sé que ese día no llueve".
"—¿Y qué haces —dice la otra— si al tocarlo algún día, lo encuentras muy animado apuntando hacia arriba?"
"—En esas condiciones, ¡rápido sé lo que pasa! Ese día lo aprovecho... ¡Y no salgo de la casa!"

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