De joven ya la quería, siempre la había soñado, pero ella no le hizo caso: mil veces fue rechazado.
Al cumplir los quince años, odiando la vida rural, buscó un destino distinto en la gran capital.
Sus padres no lo aprobaron, más ella estaba obstinada; tras una amarga disputa, se marchó de madrugada.
Pasaron años de olvido, sin querer nunca volver; aunque la vida era dura, no dio su brazo a torcer.
Más un día inesperado, una visita llegó; ella, marchita y soltera, a su puerta lo encontró.
Dudó si lo conocía, fingiéndose descuidada; no quería revivir una época pasada.
"¿Por qué se dirige a mí? No lo conozco de nada". —Me recuerdas a un amor de una vida ya olvidada.
Me encuentro solo y muy triste, el dinero me ha sobrado; si me entregas tus caricias, serás bien recompensado.
Tras encuentros repetidos, ella terminó prendada: —"Quédate siempre conmigo, aunque no me pagues nada".
—Soy aquel joven del pueblo que un día fue rechazado; conseguí lo que quería y me ha salido regalado.
Es dinero de tus padres, que sufren por tu destino; me pidieron que te hablara para marcar tu camino.
No perdona el despreciado, el orgullo lastimado, pero siempre da el perdón quien de veras ha amado.


































