El empleado llama al jefe diciendo estar medio muerto: —Me encuentro muy fatigado, me duele todo el cuerpo.
No puedo ir a trabajar, si me pusiera peor tendría que ir a urgencias a que me vea el doctor.
—No me hagas la puñeta, tenemos mucho trabajo, yo te daré una receta para que vengas al tajo.
Cuando a mí me pasa eso, no hay medicina mejor que agarrar a la mujer y hacerle bien el amor.
Es el mejor tratamiento, hazlo y me cuentas luego, seguro que te espabilas y quedas como nuevo.
Pasadas unas horas, el chico llegó radiante, con cara de mucha dicha y alegría desbordante.
—Muy bueno fue su consejo, seguí su recomendación, la seguiré practicando en la próxima ocasión.
—Te daré una paga extra por venir a la oficina, por seguir mis instrucciones y tomar la medicina.
Eres un buen empleado, el mejor de la oficina, soltero y con buena planta... ¿Quién te dio la medicina?
—Seguí sus instrucciones, le tuve que obedecer: fui directo hasta su casa y me la dio su mujer.

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