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miércoles, 14 de enero de 2026

EL Buen Samaritano.

 


Se encontró con un amigo que estaba muy cabreado. —¿Qué te pasa? —le pregunta—, ¿por qué estás tan enfadado?

—Un joven paseaba al perro, se cagó en mitad la calle; le llamé la atención y me dijo que me calle.

Es de mala educación contestar de esa manera. Le hice recoger la caca y echarla a la papelera.

—No es solo la juventud la que ya no hace ni caso. A mí me pasó lo mismo, ahora te cuento el caso:

Ayer llegué a mi casa a una hora muy temprana, y encontré a mi mujer en pelotas en la cama.

Le puse el termómetro y casi me lo revienta; me dejó muy asombrado el calor de la parienta.

Un ruido en el armario me dejó sorprendido; me asusté mucho al abrirlo: ¡había un tío escondido!

No salía de mi asombro, me quedé fijo mirando: —¿Qué estás haciendo ahí dentro? Y él dice: —Pues... meando.

Tuve que indicarle el sitio, que aquel no era el adecuado; lo agarré de la pirindola y lo llevé hasta el lavabo.

Le advertí seriamente: —Que no te vuelva a pillar. El armario es para la ropa, ¡aquí es donde hay que mear!


C

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